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viernes, 11 de octubre de 2024

Aquello que todo lo devora

 


Aquí puedes leer la primera parte de la historia Al final del sendero

Así termina la segunda parte El descubrimiento

"Me senté no muy lejos de la cueva, tras unos densos árboles. En la primera página solo había una frase:

"Los aldeanos han perdido todo rastro de humanidad. Macías".  

Dejé la mochila en el suelo, bebí un poco de agua y me acomodé dispuesta a terminar de leer el diario antes de que volviera a anochecer."


Continuación 


Volví a abrir el diario, con el pulso todavía acelerado al huir de la cueva. El crujir de las hojas llenaba el aire como una amenaza, y con cada página que leía, sentía cómo la historia del prior y el Cónsul se desvelaba como un espectro que aguarda ser liberado. Tras leer varias páginas, el trazo de la caligrafía se volvió más apresurado, como si hubiesen sido escritas en un estado de estrés frenético, a toda prisa:

"Han sido días interminables desde que el Cónsul ordenó la clausura del castillo. Los aldeanos, que una vez nos brindaron sus servicios leales, se han vuelto salvajes, irreconocibles. Los rumores de la maldición corren por las calles como un veneno que todo lo contamina. Se dice que los pozos están malditos, que el agua que bebemos nos transforma, pero yo, yo he visto algo más profundo en sus ojos. No es la maldición lo que les devora, es el miedo. Un miedo que crece como una sombra en sus corazones."

Mis manos temblaban mientras continuaba la lectura. ¿Una maldición? ¿Un miedo que destruye a las personas? ¿Podía ser esa la causa del colapso de los habitantes del castillo y los aldeanos? La idea me resultaba inquietante, seguí leyendo con el corazón en vilo.

"La noche pasada, los guardias capturaron a una de las aldeanas cerca de los muros del castillo. Decía que su familia había sido devorada por bestias que ya no eran humanas. Sus ojos estaban desorbitados, y sus palabras teñidas de histeria. Federico, ordenó su silencio inmediato, temiendo que sus gritos despertaran una rebelión. Pero yo la escuché en la oscuridad de los pasillos antes de que se la llevaran: «Él vendrá por nosotros. Él vendrá a por todos».

Tuve que detenerme un momento. El sonido de las palabras se interpuso a las que había encontrado en la cueva: «Tú vendrás conmigo». Algo o alguien había aterrorizado a aquella gente, algo que iba más allá de toda lógica. Respiré profundamente y continué:

"Anoche, mientras las estrellas brillaban sobre nuestras cabezas, oímos los primeros alaridos. Las puertas del castillo resistieron la embestida de esas criaturas... pero no por mucho. Uno a uno, mis hermanos han desaparecido. El Cónsul no confía en nadie, pero yo sé que esto no puede ser solo obra de hombres. Algo maligno, algo que hemos despertado, nos reclama. Él habla de sacrificios, de cerrar el círculo. Yo ya no sé en quién confiar."

El relato del diario se volvía cada vez más sombrío, cada palabra escrita era una desesperación palpable. Cerré los ojos por un momento, sintiendo el peso del tiempo y de los secretos que aquel castillo había sepultado en sus entrañas. Al abrirlos de nuevo, noté que el cielo se teñía de anaranjado, y a lo lejos el crepúsculo emergía. Me dije que era mejor leer la última página antes de que la noche fuera total.

"Hoy, los muros del castillo han caído. Las criaturas ya no son solo leyendas. He visto sus ojos brillantes en la noche, moviéndose entre las sombras. No hay salvación. Federico ha sucumbido a la locura, convencido de que podrá detener lo inevitable con su acero y su título. Yo he tomado la daga y el anillo, y me he escondido en la cueva donde los sabios ancianos sellaron el poder de esta maldición hace siglos. Tras ocultarlos debo morir para que nadie los encuentre jamás. Si alguien hallase este diario, que sepa que la maldición no puede ser derrotada por la fuerza. Debe seguir las indicaciones del diario y éste nunca debe dejar está cueva, si eso sucediera, el mal regresaría de nuevo. Solo quien entienda su origen podrá detenerla."

Mis dedos rozaron el borde del anillo que había encontrado junto al diario. Las palabras de Macías resonaron a en mi mente, «¡no puede abandonar la cueva!». ¡Y yo, estaba fuera de ella! El anochecer ya estaba sobre mí, y con él, una extraña sensación de que algo, o alguien, estaba cerca. El aire volvía a oler a azufre. Agarré el oráculo con fuerza, y me dirigí de nuevo a la cueva...


sábado, 13 de julio de 2024

En el lago

 


En cuanto intentó cruzar las aguas fangosas tras perder de vista al grupo de la manera más tonta: «se retrasó ocultándose tras unos matorrales para tener intimidad mientras desahogaba su vejiga»... Noto cómo el lugar se tornaba cada vez más denso y opresivo a su alrededor. Intentó ignorar la extraña sensación que le sobrecogía, pero una sombra sigilosa se deslizó a su lado, provocando que diera un brinco. Escudriñó en todas direcciones, tratando de convencerse a sí misma de que todo era producto de su imaginación, cuando de repente una ráfaga de viento sacudió los árboles cercanos erizando su piel. Su corazón se aceleró al escuchar un extraño silbido que parecía advertirle del peligro. Deseó huir, escapar de esa atmósfera cargada, pero sus piernas se negaban a responder bajo la presión del miedo, sabiendo que no estaba sola, que algo acechaba en la oscuridad. De pronto, el agua del lago comenzó a agitarse y una criatura emergió de lo más profundo de sus aguas. Un grito de pánico escapó de sus labios al ver que esa cosa que parecía un demonio se acercaba. Intentó huir, pero fue en vano, y aquella cosa demoníaca se abalanzó sobre ella, y la arrastró hacia la profundidad del lago. Luchó, luchó, como no hubiera imaginado, pero el agua invadió su cuerpo y tras varios espasmos pasó a ser una víctima más.


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lunes, 26 de febrero de 2024

Influencia demoníaca

 



#MicroCuento

La sensación era aterradora. Sentí cómo mi rostro cambiaba, y mis labios se retorcían. Quedé horrorizado. Mis ojos parecían contener el fuego del infierno. Intenté luchar contra mi obsesión. Pero fue en vano, sentía una conexión demoníaca que se extendía por mi cuerpo, paralizándome.

Mis manos continuaron dibujando sobre el papel, esculpiendo formas grotescas y siniestras. Mientras mi mente era invadida por pensamientos oscuros.

El dibujo mostraba mi propia posesión. Ahora, las noches son peores, el miedo a entrar en trance provoca pesadillas llenas de visiones que me atormentan. Temo que un día, la línea entre la realidad y la influencia demoníaca se desdibuje por completo, y el diablo tome el control definitivo de mi propio ser.

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Este aporte ha sido compartido desde Twitter por Chanel García 👇

El mundo espiritual —la dimensión espiritual— está justo aquí, ahora.... a un palmo, sólo que rara vez interactuamos con ella. Los demonios son como seres pelusa... son como esas leves cosquillidades que te cabalgan el cuerpo, te jorunguean la cara o te otean desde atrás por encima del pescuezo. Mientras tú seas mundano, no los vas a sentir —no hay nada mejor que una victima ciega embutida en su propia ignorancia—. Pero también si hay alguien que bien te quiera y esta persona cada noche te cubra con sus oraciones, de esa manera tampoco vas a sentir la influencia negativa del mundo espiritual. Los demonios son como seres impalpables que se arrastran y para sobrevivir necesitan encuerparse en la carnicidad que se empoza en los vicios... ¿¿¿Y por qué en la carne de los vicios??? Porque sencillamente todo vicio es ausencia de Dios, es la caricaturización de un amor placenturiento que, nunca te dejará saciado...siempre te deja esa extraña sensación de llevar un vacío por dentro... de tener un pecho hueco.-


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sábado, 27 de enero de 2024

El cáliz envenenado


 

Miraba el cáliz envenenado que había matado a Silvestre. «La amenaza del séptimo círculo del infierno, se lamentó al ver el cuerpo de su amigo. Durante años habían recorrido tumbas, cuevas y criptas buscando el cáliz sagrado y ahora él...» 

Tragó saliva. En ese momento escuchó una voz tenebrosa: "abre la puerta... Devoraré tu alma". 

Se quedó inmóvil, aterrado. Si abría la cripta estaba perdido, pero... Cuánto tiempo podría aguantar ahí. 

Tras minutos de silencio, oyó un ruido a su espalda; la visión de un demonio saliendo de una tumba vacía le estremeció. Un frío gélido invadió el pequeño espacio y un olor nauseabundo atacó sus fosas nasales. No pudo evitar oír aquellas palabras que susurraron en su cabeza, en el instante justo en que era poseído por el demonio.


Nuria de Espinosa 


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lunes, 8 de enero de 2024

No tenía escapatoria

 



Mientras la música retumbaba en mis oídos y las luces de neón parpadeaban en la oscuridad. La atmósfera se había transformado en algo siniestro y maligno. La fiesta de Gatsby convocó a los demonios. Corrí entre el gentío, siguiendo mi instinto de supervivencia, como alma que lleva al diablo; una mano fría estuvo a punto de agarrarme del tobillo. Sentí miedo y un escalofrío recorrió mi cuerpo al mirar atrás y ver a la criatura deforme de ojos oscuros y vacíos. ¡No tenía escapatoria! Mis pulmones ardían y mi corazón latía con fuerza en mi pecho, pero no podía detenerme. 

Sabía que si cedía un solo instante de confusión, sería suficiente para que esas abominaciones me alcanzaran. Sin embargo, el terror me paralizó, incluso antes de mirar al demonio que me perseguía. Dejé de correr y me giré lentamente hacia la criatura. Sus ojos eran pozos oscuros que reflejaban mi propio pánico, y su rostro macabro dejaba ver una desfiguración grotesca. El terror se apoderó de cada célula de mi cuerpo, mis piernas flaquearon temblando incontrolables. 

Mi mente se llenó de pensamientos oscuros, tenebrosos. Las imágenes de la pesadilla se apoderaban de mí a la vez que el miedo me nublaba la razón. Traté de escapar, pero seguía inmóvil. Aquel demonio se mostraba ante mí como la antítesis de mis sueños. Forcejeé con todas mis fuerzas ante aquellos pensamientos absurdos, pero mi mente se volvió más fuerte, casi inhumana. En mi desesperación, recordé las historias de mi niñez, cuentos del pasado sobre espíritus oscuros y almas atormentadas que habían sido convocados durante las fiestas. Había olvidado el terror que sentía al oír las historias. ¡Ahora estaba frente a frente con una de esas criaturas!, percibiendo que estaba en el auténtico infierno.

Mis esperanzas huían atrapadas por el miedo. Empecé a aceptar que aquella criatura deforme me arrastraría hacia la oscuridad hasta un abismo sin fin. Las imágenes del inframundo, de cuerpos mutilados ardiendo entre las llamas del infierno, asaltaban mis ojos y petrificaban mi cuerpo, con el terror más absoluto. Fue terrorífico. Aún no comprendo cómo logré huir de su persecución; es cómo si una espesa cortina de humo hubiese cubierto unos instantes de mi mente. Corría y corría, sintiendo cómo la adrenalina se apoderaba de mi ser, alejándome de aquellos seres llenos de oscuridad.

Dejé de acudir a las fiestas y conciertos nocturnos; el recuerdo del encuentro diabólico me acosa hasta el día de hoy. He descubierto qué el mal puede acechar entre los lugares más inesperados. Pero también he aprendido qué, incluso en los momentos más oscuros, podemos encontrar la fuerza para enfrentarlo y sobrevivir.


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lunes, 1 de enero de 2024

El rey de los infiernos parte 2

 



"Tú serás quien mandará en mi reino. Es hora de qué aceptes tu destino".

Justo en ese instante, las puertas del faro se cierran y una luz cegadora se hace presente. En el epicentro de los allí reunidos se alzó un remolino de humo que termina por engullirlo. Pero no termina todo en aquel faro en cuyo interior, la puerta de entrada a las tinieblas del inframundo, abrazan a Ismael, que no tardaría en regresar siendo el poderoso rey de los infiernos...

Párrafo tomado de la primera parte del rey de los infiernos que puedes leer en el siguiente enlace 👇

El rey de los infiernos parte 1

                         *********

Parte 2 

Ismael, no pudo disfrutar de ese Reino por mucho tiempo. La oscuridad que veia en el inframundo, era la misma sensación helada que penetraba en sus huesos. Oía voces y lamentos de angustia que llenaban el vacío de una forma perturbadora. Al ver extrañas sombras moverse a su alrededor que se retorcían y tomaban formas horrendas, comprendió que eran almas atormentadas, tratando de mostrar su poder. Sintió pánico y entendió que había cometido un error, que nunca debió haber ido al faro. Su padre quería algo de él, pero no está dispuesto a dárselo, él no era oscuro, ni malvado.

Pero su apariencia empezó a cambiar. Su piel se volvió pálida y translúcida, sus ojos brillaban como el fuego infernal y su profunda voz sonaba como un eco desquiciado entre los muros del inframundo. Los minutos pasaron como meros instantes, y cada segundo en aquel lugar le parecía que estaba más solo. Notó que por momentos se alejaba más de su humanidad. Las emociones y recuerdos de su vida anterior se desvanecían lentamente, reemplazados por una sed insaciable de poder y destrucción; luchó, luchó con todas sus fuerzas contra ese poder oscuro que estaba consumiendo su mente. Su yo interior le recordó aquel tiempo cuando era un adolescente con sueños, justo cuando su madre murió, ese recuerdo hizo que percibiera una luz de  esperanza en su alma. Lamentó el día en que había recogido esa maldita máscara y aceptado su destino. Todo parecía tomar forma de nebulosa. Tras muchos instantes de inquietud y miedo, una pequeña luz se encendió en la oscuridad mostrándole qué quizás, era su última oportunidad. Si no se enfrentaba a la oscuridad y luchaba contra la corriente infernal de su existencia, quedaría atrapado para siempre. No obstante, no dejaría que la oscuridad lo consumiera atrapado en el averno. No... Ni siquiera la soledad era su destino eterno.

Se arrancó la máscara del rostro y con cada gota de fuerza que le quedaba, desafió a su propio padre, el rey de los infiernos. Fue un encuentro, lleno de fuego y oscuridad, pero Ismael era más fuerte de lo que pensaba. Tras una larga y dura lucha, en la que báculo contra báculo destronaron el silencio que parecía sempiterno, logró derrotar a su padre y tomar su lugar en el trono. Pero, en lugar de seguir sus pasos, aprendió a equilibrar el poder con la compasión de escuchar las almas atormentadas. No quería ser un rey de terror, aunque en el infierno todas las almas, fueran culpables y estuviesen condenadas a perdurar en ese limbo de horror.

Sin embargo, para su sorpresa, las llamas abrasadoras dejaron ver un resquicio de luz blanca penetrando por la oquedad de una roca. Se acercó a ella. Su padre al ver que se acercaba a ella, gritó:

— ¡No, Ismael, ni se te ocurra o volveré a por ti con todo mi ejército!

Pero Ismael ya no escuchaba. Había cruzado. La luz interior de su alma era el arma más poderosa contra los demonios. 

Bajó las escaleras del faro. Se detuvo. Miró en silencio la entrada durante unos segundos tras los cuales murmuró: 

«Nunca podrás retenerme, padre, soy más fuerte que tú, porque en mi interior está la fuerza de la humanidad, ¡esa que tanto anhelas y que jamás tendrás!, pero en el tuyo solo hay oscuridad y muerte. Miles de almas albergan en mi interior por eso he comprendido que nunca estaré solo. Te estaremos esperando».


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lunes, 11 de diciembre de 2023

El rey de los infiernos

 


El sol empieza a ponerse tiñendo el cielo de tonos dorados y naranjas. En las calles, las sombras se alargan, creando figuras que bailaban entre los rincones. Ismael camina apresurado hacia su casa, sintiendo una extraña sensación de intriga y misterio que atrapa su pensamiento. Durante días, ha estado recibiendo extrañas cartas sin remitente, en las que alguien le advierte sobre un terrible secreto qué podría cambiar su vida. La curiosidad y el temor se mezclan en su interior mientras sostiene la última carta en su mano. 


Cuando va a entrar en su casa, cree ver una sombra en el umbral de la puerta. Se detiene en seco. Su corazón late acelerado. La sombra se hace visible, sus piernas tiemblan y cree que va a caer contra el suelo; entonces la oscura silueta se gira y avanza hacia él; sus ojos son oscuros y penetrantes. Siente pánico, comprende su error. Debió haber huido, pero el miedo le había paralizado. Sin embargo, el hombre de aspecto desaliñado, y mirada fría y penetrante, sin decir una palabra, alargó su brazo y le entregó una carta, qué él con manos temblorosas aceptó; acto seguido desapareció refugiándose en la oscuridad de la noche. Su mente a penas podía digerir lo sucedido. Dudó si abrir la carta, pero sabía que si no lo hacía aquel hombre podía volver y quién sabe con qué intenciones. Sus manos temblaban, la ansiedad crecía en su interior, no obstante, abrió la misiva y comenzar a leer:


"Ismael, estas letras son solo la punta del iceberg de una trama en la que tu vida está en juego. Las cartas que has recibido son una advertencia de algo mucho más oscuro y siniestro. La verdadera sorpresa está por revelarse esta noche en el faro abandonado, ven a las doce en punto. No faltes, o descubrirás, que la realidad es mucho más aterradora de lo que jamás pudiste imaginar".


Una oleada de escalofríos recorre su cuerpo, aunque tiene miedo, sabe que no podrá negarse a ir, está obligado a seguir su juego, a aceptar la propuesta y a descubrir la verdad oculta de aquella misteriosa misiva. Al llegar la noche desciende por el sinuoso camino que llevaba al faro, siguiendo la única luz que guía sus pasos: la luna llena ilumina a través del mar el lejano horizonte, y se sumerge en las sombras que cobijaban el inquietante lugar. Dentro del faro encuentra un grupo de personas reunidas en una extraña ceremonia. Todos llevan túnicas negras y máscaras ocultando su rostro. Supo entonces qué aquellos individuos le esperaban, como si su presencia en aquel lugar estuviera predestinada. Uno de ellos, se acerca y le susurra al oído: 

"Eres el elegido, el único que puede presenciar el verdadero poder de este lugar". 

Tras decir esas palabras, el hombre deja caer en el suelo una de las máscaras y mira intencionadamente, de él a la máscara, y de la máscara a él.

Ismael nunca sabrá por qué no pudo resistirse, ni por qué algo le empujó a cumplir con su destino. Recogió la máscara, y tras ponérsela descubre el mundo oscuro que le vinculaba con aquellos desconocidos: a las puertas del infierno, su padre le entrega un extraño libro. 

"Tú serás quien mandará en mi reino. Es hora de qué aceptes tu destino". 

Justo en ese instante, las puertas del faro se cierran y una luz cegadora se hace presente. En el epicentro de los allí reunidos se alzó un remolino de humo que termina por engullirlo. Pero no termina todo en aquel faro en cuyo interior, la puerta de entrada a las tinieblas del inframundo, abrazan a Ismael, que no tardaría en regresar siendo el poderoso rey de los infiernos.

¿Qué creés que pasará?


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martes, 24 de octubre de 2023

El payaso de la muerte


 

Aquella noche la luna parecía una esponja a punto de ser estrujada. Su mirada violeta atravesaba los cielos carmesí de una forma aterradora. Jeans, vigilaba los visitantes de la casa del terror. Aún le faltaba una pieza para terminar. Se fijó en una pareja de chicas y pensó que eran idóneas. Se ocultó en una de las salas de la casa del horror y se metió dentro de un ataud con una máscara de la muerte.

 Cuando las jóvenes entraron dieron un grito asustadas por cuanto veían. Entonces salió de su escondite; ellas, al verlo salir del ataúd chillaron del susto, entonces él soltó el spray hipnótico. Tras dejarlas inconscientes las arrastró hacía la salida oculta detrás del demonio de dos cabezas y las introdujo en su furgoneta. Despertaron en el sótano de su casa, la inocencia desapareció para siempre de su rostro. Al ver el disco de la sierra mecánica girar gritaron aterrorizadas. Él continuó, todo estaba insonorizado. Cortó a la joven rubia, los brazos y piernas, a la otra chica, la cabeza y los cosió al busto que guardaba en la nevera. Y lo observó durante un corto espacio de tiempo en el que se sintió feliz. 

¡Ahora, su obra estaba completa!

Ella nunca lo abandonaría. En el exterior, las sirenas sonaban, la policía rodeaba la casa; alguien había visto al payaso de la casa del terror, introducir dos chicas en la furgoneta. El horror que encontraron los policías de vísceras y sangre no lo olvidarían fácilmente.




Nuria de Espinosa 

viernes, 6 de mayo de 2022

La niebla de los condenados




El ojo de la tormenta se abrió en silencio. Desde las sombras, fui testigo de cómo la gente se desvanecía en la niebla, arrastrada por una fuerza invisible. Los gritos desgarraban el aire, pero yo permanecía inmóvil, atrapada por el terror. Sabía que era obra de la hechicera, que desde hacía horas seducía a las almas perdidas hacia el bosque. Un leve ruido me sacó de mi letargo. Me tensé. Un joven, cubierto de barro, se arrastraba por las escaleras de mi casa, buscando refugio, tratando de escapar de aquella fuerza inhumana. Lo dejé entrar sin hacer preguntas.


—¿Qué haces aquí? —mi voz tembló más de lo que esperaba.

—Esta es la casa más alejada del poder de la hechicera —respondió con la respiración agitada—. No me quedaba otra opción.

—¿Y ahora qué? —susurré—. ¿Qué haremos si nos encuentra?

El joven me miró, sombrío.

—Solo nos queda rezar... y esperar. Si la maldición no se disipa, estamos condenados. He visto cómo la gente caminaba hacia el bosque, con los ojos en blanco, como marionetas. Luego venían los gritos, y un deseo inexplicable de seguirlos me invadió. Pero resistí... al volverme, la vi. Entre la niebla, su silueta, la mujer de un solo ojo.

—¡La hechicera! —murmuré, sintiendo que el frío se apoderaba de mis huesos.

—Sí, la misma de la que hablaban los ancianos. Está aquí.

De repente, la puerta se abrió con un crujido. El miedo nos paralizó. Algo me empujó a avanzar, como si una mano invisible me obligara a acercarme a la puerta. Un hedor a muerte invadió la casa. Lo entendí en ese instante. Giré la cabeza hacia la derecha y una sacudida recorrió mi cuerpo. Allí estaba ella, la hechicera, su rostro inerte, con aquel ojo único, abismal. El aire se volvió denso. Íbamos a morir. Un grito salió de lo más profundo de mi ser.

—¡No, no, no!

El joven me sujetó con fuerza sobrehumana, sus labios murmuraron algo en un idioma desconocido: "Malos nos depelleredomine".

De pronto, sentí cómo el aire que me oprimía se desvanecía. La niebla se disolvió lentamente, llevándose consigo el horror. Me abracé al joven, exhausta y temblorosa, pero el silencio que ahora envolvía el pueblo era más aterrador que cualquier grito.

—Debemos quedarnos aquí hasta el amanecer —dijo con voz apagada.

—Sí... no puedo pensar en otra cosa. Estoy aterrada.

Pasamos dos días encerrados, sin atrevernos a salir. No se oía ni un ladrido, ni el más leve susurro del viento. Cuando al fin reunimos el valor suficiente para abrir la puerta, lo que encontramos fue indescriptible. Cuerpos esparcidos, aquellos que no resistieron el hechizo, yacían sin ojos, con un solo globo ocular incrustado en el centro de sus frentes. La imagen me sobrepasó. Vomité y lloré, llena de rabia y desolación. De cuarenta y cinco almas que habitaban nuestro pueblo, solo quedábamos dos.



martes, 1 de junio de 2021

Alienigenas






#Martesmge

La criatura asomó la cabeza el martes durante la la inauguración de los San Fermines, desatando el caos. Unos gritaban y otros corrían aterrorizados ocultándose entre las calles. Los militares, lograron acabar con esa extraña cosa.


#MicroArcano

La invasión llegó de noche. Los alienígenas se mezclaron entre los humanos y sin percatarse, se fueron apoderando de todo el pueblo. Solo un hombre notó algo extraño en su esposa, pero no tuvo tiempo de avisar; fue abducido y colonizado.


#PanicoSiniestro

Mi siniestra realidad, trascendia más allá de mi hogar. Bajo la luna llena, me transformaba en un ser despiadado que sumia los bosques cercanos en el terror más cruel. Pero mi instinto era inevitable y en cada nueva luna, salía de caza sin poder remediarlo.


#PanicoSiniestro

El pueblo apareció lleno de sangre por los cuerpos de las víctimas. Todos sospechaban unos de otros, hasta que aquella mañana descubrí mi realidad siniestra al despertar desnudo en el establo junto a los trozos del cadáver del párroco. ¡Era un licántropo! 

miércoles, 2 de septiembre de 2020

En las Catacumbas de París. Relatos





Perdida en las catacumbas de París, la oscuridad no era simplemente ausencia de luz: era un manto opresivo que se pegaba a mi piel, pegajoso y húmedo, como si respirara conmigo. El aire estaba cargado de polvo y humedad, con un hedor penetrante a tierra vieja y a descomposición que quemaba mis pulmones con cada respiración. Cada paso resonaba como un golpe seco y profundo contra los muros de piedra, y los ecos regresaban deformados, burlones, como si algo invisible se burlara de mi miedo.

Un arrastre metálico interrumpió el silencio, seco y raspante, arrastrando cadenas que hacían vibrar mis huesos. Mi corazón se aceleró hasta dolerme, y la adrenalina me empujó a correr, pero cada túnel parecía alargarse y retorcerse, girando sobre sí mismo, como si la propia arquitectura conspirara contra mí. Mis dedos rozaban las paredes, sintiendo la rugosidad húmeda, la viscosidad de algo que no era solo barro… algo vivo.

Los gritos llegaron entonces, desgarradores, mezclados con un siseo gutural que perforó mis tímpanos y me heló la sangre. Avancé temblando, arrastrando los pies, mientras un hedor más intenso me golpeaba: sangre fresca, hierro y algo indescriptiblemente pútrido. Y allí estaba: un ser demoníaco, encorvado, garras negras retorcidas como hierro ardiente, colmillos amarillentos que brillaban con un resplandor enfermizo, devorando a una mujer. La sangre goteaba sobre las piedras, chisporroteando en la humedad, y el monstruo levantó la cabeza. Sus ojos me atravesaron, pozos infinitos que absorbían luz, sonido y esperanza.

Intenté correr, pero los túneles parecían moverse a mi alrededor, retorciéndose, cerrándose, como si quisieran aplastarme. Cada sombra se alargaba hacia mí, cada eco de mis pasos se transformaba en un murmullo de advertencia. Sentí un golpe brutal en la espalda: las garras del demonio me atraparon con fuerza imposible. Mi piel se erizó, mis músculos temblaban y un frío intenso, casi tangible, me recorrió hasta los huesos. Intenté gritar, pero solo salió un gemido ahogado que se perdió en la negrura.

Mientras me arrastraba, sentí la textura viscosa del suelo húmedo en mis manos, el olor metálico de la sangre mezclándose con la tierra húmeda. La criatura respiraba cerca de mi oído; su aliento era un vapor helado, lleno de putrefacción y amenaza. Cada fibra de mi cuerpo gritaba por escapar, pero mi mente comenzó a flaquear: la oscuridad misma parecía susurrarme, apretándome, envolviéndome, recordándome que no había salida.

Todo se volvió un caos de sentidos: los muros goteaban líquido caliente, el suelo crujía bajo un peso invisible, un siseo constante me seguía en cada sombra. Mis ojos buscaban un refugio, pero la luz de mi linterna apenas tocaba la negrura; cada destello revelaba nuevas garras, nuevos ojos, nuevas bocas que desaparecían antes de que pudiera enfocarlas. La criatura estaba siempre detrás de mí, respirando, acechando, esperando el momento exacto.

Finalmente comprendí que no había escapatoria. La oscuridad no era solo ausencia de luz: era un ser vivo, un depredador paciente, hambriento de miedo, de desesperación. Y mientras sus garras se cerraban sobre mí, escuché mi propio corazón latir por última vez, mezclándose con los gritos, con el goteo de la sangre, con el eco infinito de un laberinto que nunca libera a sus víctimas. La negrura me envolvió, y en ella comprendí que ahora yo también era parte de ese abismo: un eco más, una víctima más que nadie escucharía jamás, atrapada para siempre en el horror de las catacumbas de París.



viernes, 15 de mayo de 2020

Sangre derramada


Reto en el que debias poner la frase
" Para qué es la sangre sino para derramarla"



—David, has manchado el mostrador de sangre, ¡Qué asco! limpia esta porquería ahora mismo.
—No es para tanto Marcela, pará qué es la sangre si no para derramarla.
—Te recuerdo que la de cerdo también se come y se hacen buenísimas morcillas.
—Eso si es un asco ¡Puag!

Nuria de Espinosa

Mención especial a este microrelato

Pará qué es la sangre si no para derramarla, decía Carlos mientras rajaba el cerdo.
—¿Y dices que todo se aprovecha?
—Todo, hasta las curiosas.
Dijo esto último a la vez que se giraba raudo y le daba un tajo en el cuello.
—Bueno, ahora ya tienen comida los cerdos para unos dias.

Nuria de Espinosa

Pará qué es la sangre si no para derramarla, me dije tras cortarle la yugular. Me cansé, que dominase mi mente y me obligase a hacer cosas terribles. Candyman era un ser perverso, diabólico. Tenia que incinerarlo para deshacerme de él. Cogi una enorme maleta y fui al crematorio.

Nuria de Espinosa

Mariposas

RetoOjoPluma

La oscuridad invadía el valle, una simple linterna me acompañaba. Creí ver algo al final del camino. Enfoqué la linterna y entré en pánico. Una joven con unos colmillos enormes, jugueteaba con 2 mariposas. Me miró con una mirada fría y oscura; y me hice pipi encima.

Nuria de Espinosa

Cuando Jason me invitó a su castillo, no imaginé porque.
—Esta es tu habitación Pol. Mañana te enseñaré todo.
Me duché y me ti en la cama, estaba reventado. Una joven se metió en mi cama. Solo una mariposa cubria su pecho. Me mordió y fue tan dulce como la muerte.

A veces es difícil

    Tras varias semanas de gran intensidad y con una nueva semana que se presenta cargada de visitas médicas, he llegado a una conclusión qu...