Autor Carlos Aurensanz
«La reflexión es aquello que abre un camino al pensamiento, el pensamiento es el camino que conduce a la reflexión; aquel camino libre que resplandece entre luces y sombras: la vida». Derechos de autor protegidos por ©Cedro. Sus comentarios serán aceptados tras pasar la supervisión del autor. Gracias. Nuria de Espinosa
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domingo, 8 de febrero de 2026
El cementerio de cristal
Autor Carlos Aurensanz
viernes, 6 de febrero de 2026
La larga espera
Esta semana en Our Midweek Muse el tema es:
La noche se sienta en la cama
con forma de pantalla.
Un cuerpo de sombras dobla las rodillas
y aprende a esperar con los pulgares.
Una anciana mira por la ventana
como quien escucha un teléfono
que ya no suena.
El polvo también recuerda.
El tiempo cuelga, negro, de un cable cortado.
Una niña se retrata a sí misma
como si el mundo cupiera en un gesto
y no doliera todavía.
La luz fría besa los rostros
y no deja calor.
Habla sin voz,
promete compañía y reparte silencio.
Y estamos todos ahí:
la llamada que no llega,
la mano que sostiene un corazón ajeno,
la infancia jugando a ser vista,
la vejez esperando ser oída.
Y en el centro,
esa figura delgada que mira el vacío
como si fuera un mensaje,
como si amar fuera deslizar el dedo
y no encontrar respuesta.
"En cualquier lugar, en cualquier momento, en cualquier lugar, con cualquier persona"
En el Valle de Nuria
jueves, 5 de febrero de 2026
En los umbrales del dolor
Las nubes pasan
"Crees que el sufrimiento hay que afrontarlo; vivirlo y sentirlo; acurrucarte en él para entenderlo y entenderte; escucharlo¿?
¿O crees que hay que obviarlo; negarte a sufrir y obligarte a estar en un estado de positividad constante porque de lo contrario sientes que estás desperdiciando tu vida?
Escribid sobre ello en cualquier formato y sin límite de palabras".
Y para acompañar el texto, si lo deseáis, os comparto unas imágenes de Tea Jagodić, fotógrafa, autorretratista conceptual y diseñadora gráfica, nacida en 1992 en Banja Luka, Bosnia y Herzegovina, de las que podéis escoger la que resuene con vuestro aporte.'
Está la imagen de mi elección.
¿Cómo podía reprimir mi dolor, mi sufrimiento, si sus disparos eran flechas que se incrustaban en mi cuerpo?
El tablero de la vida puso a su reina con su dosis negativa y crítica, y su exceso embestía mis horas de una dolorosa oscuridad.
Tolerar era una cosa; soportar el dolor que me consumía, otra completamente distinta, pues el dolor que me devoraba se hacía insufrible.
Bebí, bebí de las raíces del mal, cuyo líquido quemaba mis entrañas.
Fue costoso de aceptar, sobre todo cuando temes el final y, sin embargo, aguantas porque no te queda otra, aunque crees que no podrás, y piensas que te romperás.
Tras meses durísimos, le hice un guiño a la vida y, aunque he tenido recaídas, afronto cada una de ellas con valentía, porque vivir duele, pero también quema su belleza: solo se vive una vez.
Por eso he llegado a una conclusión que inunda mis noches y días de fortaleza: no debo escuchar el malvado tic‑tac, sino avanzar aunque intente arrastrarme hacia la oscuridad, porque mi lucha y resistencia es como un fuego que se niega a apagarse.
"El dolor se arrastra en somnolencia de alquitrán,
se mece entre mis costillas como un péndulo de bruma.
Mis venas son corrientes de líquido ocre,
y cada suspiro un crujido de espejismos que me devoran.
Bebo de la tintura del desencanto,
cuyo fuego interior me cincela los órganos con la paciencia del artesano.
Los relojes vomitan su música,
y la noche se enrosca en mis párpados como una serpiente de cristal.
Soportar es urdirse a una misma en espiral,
trenzar la agonía en filamentos de coraje invisible.
Cada lágrima es un quásar de desamparo,
cada silencio, un grito que nadie puede oír.
Y aun así, en la grieta de este tormento,
florece un hilo de luz que sabe a metal y resina.
Avanzo, aunque mis pies chapoteen en sombra,
porque incluso la desesperación tiene un sabor que merece ser vivido".
miércoles, 4 de febrero de 2026
Nos gustan los clásicos
Otro año que participo en el reto literario de «Nos gustan los clásicos». Como su nombre indica es un reto que consiste en leer y reseñar novelas clásicas publicadas hasta 1980 con la condición de publicar una entrada como esta para dar publicidad al reto.
martes, 3 de febrero de 2026
La magia de Alicia
Convocatoria juevera dirigida por Dafne...
viernes, 30 de enero de 2026
El umbral de la noche
Autor Sthefen King
miércoles, 28 de enero de 2026
Evolución
Esta semana en Our Midweek Muse nuestro tema es
"REFLEXIONES"
Fue algo bastante inusual, como dos tormentas que, al acercarse, comienzan a girar una alrededor de la otra sin llegar a fundirse del todo. El efecto Fujiwhara, lo llaman.
David, sin avisar, se subió a su coche y condujo durante tres horas solo para verla. Cuando Eli recibió su mensaje —“Estoy en la puerta de tu casa”— sintió primero incredulidad y luego un leve enfado.
—¿Cómo que en la puerta? —respondió por teléfono, bajando la voz—. David, eso no tiene ninguna gracia.
—No es una broma —dijo él—. Necesitaba verte. En persona.
Durante años habían hablado como dos simples amigos. Risas, confidencias, madrugadas al otro lado del auricular. Nunca, ni por un segundo, Eli había imaginado algo más. Por eso, cuando supo que ella tenía una relación con Cristina empezaron los mensajes insistentes, las llamadas largas, las súplicas disfrazadas de cariño; algo se le removió por dentro. Y todo sin haberse visto jamás.
Sus padres, desde el salón, escuchaban el murmullo tenso de la conversación.
—¿Quién es ese chico? —preguntó su madre, Tania, frunciendo el ceño.
—Un amigo… de internet —respondió Eli—. Pero tranquilos, no voy a hacer ninguna locura.
Aun así, antes de bajar, les dio su número, la matrícula del coche que David le había dictado y una palabra clave.
—Si en diez minutos no recibís un mensaje con la palabra “luz”, llamáis a la policía —dijo, con firmeza.
La puerta del portal se abrió y allí estaba él: más real, más alto, más nervioso de lo que había imaginado.
—Hola, Eli… —murmuró, con una sonrisa temblorosa.
—Hola, David. ¿Por qué has venido así, sin avisar?
Él respiró hondo.
—Porque tenía miedo de que, si lo hablábamos por teléfono, colgarías antes de que pudiera decirte lo que siento.
Caminaron unos metros en silencio. Eli notaba el corazón acelerado, no por ilusión, sino por esa mezcla de extrañeza y peligro que tienen los encuentros que rompen la frontera entre lo virtual y lo real.
—David —dijo al fin—, te aprecio. Mucho. Pero solo como amigo.
Él bajó la mirada y asintió.
—Supongo que necesitaba escucharlo mirándote a los ojos.
Se despidieron con un abrazo breve, contenido, como dos corrientes que se rozan y luego vuelven a separarse. Diez minutos después, en el móvil de Tania vibró un mensaje: “luz”.
Esa noche, sentada en la cocina, Tania pensó en lo ocurrido. Sintió un escalofrío al imaginar cuántas historias empiezan hoy sin rostros, sin gestos, sin tierra firme bajo los pies.
La tecnología acerca, sí, pero también expone. Sirve para trabajar, para aprender, para comunicarse… pero cuando se trata de personas, de emociones, de cuerpos reales, no basta con una voz al otro lado de la pantalla. Hace falta prudencia, tiempo, lugares seguros.
Comprendió entonces que el mundo gira cada vez más rápido, como sistemas que se atraen sin conocerse del todo, y que, si no se camina con cuidado, ese giro puede convertirse en choque imprudente.
El tema de esta semana en Digital Whisper es
"Blanco y negro"
Blanco y negro se miran,
dos silencios en duelo:
uno es promesa de luz,
el otro, un pozo de cielo.
Entre ambos nace el gris,
como un pequeño destello,
donde la ceniza aprende
que todo es claro y oscuro
al mismo tiempo.
domingo, 25 de enero de 2026
Desastres cotidianos
Convocatoria juevera:
ESO QUE MIRAN
Mónica nos propone esta semana:
"La consigna entonces para este nuevo reto consiste en elegir alguna de las imágenes que aquí les dejo y a partir de lo que se les ocurra que los personajes están mirando, armar una historia (de tema, género y estilo libre) cuyo desarrollo no exceda (en lo posible) las 350 palabras."
Más información AQUÍ
¡Aaaaah! gritó al ver la pared del salón.
Pensó en la fiesta que en apenas unas horas debía atender en el salón. Recordó la bayeta, el jabón, la fregona y miró el reloj.
¡Aaaaah! Gritó de nuevo.
Alguien golpeó la puerta.
Bajó corriendo.
Era Pamela, su hermana pequeña, que volvía de su clase de música.
—¿Qué sucede, Laura? Estás pálida.
—Mira el salón. ¡No puedo más!
—¡Por Dios! Peter va camino de ser un artista.
—¡No tiene gracia!
—Es solo un crío, travieso, pero un crío. Anda, te ayudo a limpiar esos trazos antes de que llegue nadie más… o la fiesta parecerá una exposición de arte rupestre patrocinada por un cavernícola con tizas de colores.
Laura suspiró como un acordeón quejoso.
—Esto no son trazos, Pamela, son jeroglíficos del apocalipsis doméstico.
—Tranquila, hermana desquiciada —dijo arremangándose con una sonrisa—. Sacaremos brillo a este corredor hasta que reluzca como la calva de un querubín. Tú trae la bayeta, yo el cubo, y que el jabón obre su milagro espumoso.
En ese instante apareció Peter, con rostro de duende inocente y las manos teñidas de azul, verde y un tono color berenjena.
—Mamá… he dibujado el viento.
—Pues que el viento aprenda a usar papel —refunfuñó Laura, pero ya se le escapaba una risa traicionera.
Pamela guiñó un ojo.
—Míralo por el lado bueno: si no llegamos a tiempo, siempre podemos decir que es arte abstracto y cobrar entrada.
sábado, 24 de enero de 2026
No quiero oírte
Este mes en Relatos Conjuntos la propuesta es:
La muerte y la criatura
La niña se alza en el centro de la estancia como un brote desorientado, con las manos aferradas a su cráneo, intentando contener un estruendo que no proviene del aire, sino del tiempo. Sus ojos, dos lagos de azogue, reflejan la irrupción de lo irreparable. El mundo ha aprendido a morir en silencio, y ese silencio es un animal que le muerde por dentro.
Tras ella, la figura inerte reposa sobre el lecho como una barca varada en la última marea. El rostro, cerúleo y translúcido, parece esculpido en cera lunar; los párpados, clausurados para siempre, guardan todo lo que la vida no supo pronunciar. La Muerte no se muestra como hoz ni sombra, sino como una quietud absoluta, una densidad de aire que vuelve torpes los latidos.
El suelo arde en ocres febriles, como si la tierra tuviera fiebre. Las paredes ondulan, víctimas de una respiración ajena, y todo el cuarto se curva en una ligera náusea cósmica. La niña, criatura del umbral, percibe que el universo acaba de fisurarse: algo se ha desprendido del orden y cae, cae sin sonido, hacia un pozo sin nombre.
No es el grito lo que intenta sofocar, sino la revelación: que el amor también se descompone, que los cuerpos son arcilla prestada, que la ausencia tiene peso, temperatura y color. Y en ese gesto de cubrirse los oídos, como quien intenta detener un eclipse, queda suspendida la primera conciencia del abismo: la infancia enfrentada a la Muerte, mirándola sorprendida.
jueves, 22 de enero de 2026
Inocencia
Está semana en 👉Our Midweek Muse
MUÑECO DE NIEVE
La niña, con manos de invierno y risa tibia,
modela el silencio en forma de muñeco.
Le presta hojas como ojos asombrados
y una nariz que apunta al horizonte.
Le dice suavemente que el frío no entiende,
y el muñeco escucha sin poder responder.
Guarda en su pecho de nieve la infancia,
como un sol pequeño que aún no sabe arder.
P. D. Este muñeco es el que hicieron mis nietos estás navidades.
miércoles, 21 de enero de 2026
Misery
Autor Stephen King
martes, 20 de enero de 2026
San Polvo seco
viernes, 16 de enero de 2026
Esa extraña añoranza
miércoles, 14 de enero de 2026
Entre universos
Creencia
Durante siglos se creyó que la Tierra era el centro inmóvil del universo. Esta idea, conocida como modelo geocéntrico, tenía raíces en la Antigüedad clásica y fue formulada con rigor por Claudio Ptolomeo en el siglo II. Según esta visión, el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas giraban alrededor de nuestro planeta en complejas órbitas circulares. No era solo una hipótesis astronómica: era una creencia filosófica y casi espiritual, que situaba al ser humano en el centro de la creación.
El geocentrismo encajaba con la experiencia cotidiana: el suelo bajo los pies parece quieto y el cielo parece moverse. Además, armonizaba con la idea de un cosmos ordenado y jerárquico, donde la Tierra ocupaba el lugar privilegiado. Durante más de mil años, esta concepción fue aceptada como verdad indiscutible.
Sin embargo, en el siglo XVI, Nicolás Copérnico propuso una hipótesis revolucionaria: era la Tierra la que giraba alrededor del Sol. Más tarde, Galileo Galilei, con su telescopio, observó las fases de Venus y las lunas de Júpiter, pruebas que no podían explicarse con el modelo geocéntrico. Finalmente, Johannes Kepler y Isaac Newton demostraron que los planetas se mueven siguiendo leyes físicas precisas alrededor del Sol.
Así, la ciencia desmintió una creencia milenaria y desplazó a la Tierra de su supuesto trono cósmico. Este cambio no solo transformó la astronomía, sino también la manera en que la humanidad se percibe a sí misma: ya no como el centro del universo, sino como un pequeño punto en un espacio vasto y en expansión.
Hipótesis
En el siglo XVII, los químicos creían que todos los materiales combustibles contenían una sustancia llamada flogisto, que se liberaba al quemarse. Según esta idea, cuando algo ardía, el flogisto “se escapaba” del objeto, dejando solo su residuo. Por ejemplo, cuando se quemaba la madera, el carbón restante era la madera sin flogisto. Esta hipótesis intentaba explicar la combustión y la oxidación de los metales, y durante casi 100 años fue la teoría dominante en química.
Sin embargo, a finales del siglo XVIII, Antoine Lavoisier refutó la idea del flogisto al demostrar que la combustión implicaba una combinación con oxígeno, no la liberación de una sustancia invisible. Lavoisier explicó correctamente que la masa se conserva y que los residuos (como ceniza o óxidos) resultan de la reacción química con el oxígeno, no de la pérdida de flogisto.
La hipótesis del flogisto quedó obsoleta, y su refutación marcó el nacimiento de la química moderna basada en reacciones medibles y explicables.
Appareil de Lavoisier pour l'analyse de l'air. Antoine-Laurent de Lavoisier, 1743.
Retrato de Antoine Lavoisier y portada de su obra Tratado elemental de Química.
Conrad Gessner (1516-1565, Zúrich) fue un teólogo, lingüista y erudito literario; también médico, científico y naturalista (las rocas, plantas y animales eran su dedicación); además era taxidermista, dibujante y acuarelista: un universalista de las ciencias, que fue el primero en descubrir el grafito enfundado en envoltura de madera en su obra De omni rerum fossilium genere del año 1565, y que servía para escribir y dibujar.
Las siete cabritas
Convocatoria abierta hasta el 9 de febrero a la medianoche (hora de España peninsular).
El cementerio de cristal
Autor Carlos Aurensanz Editorial B Fecha de publicación 2023 Edición 1 Tapa dura Idioma Español Impresión 608 páginas Peso del producto 8...

































