Desafío de los jueves: "Corbata voladora".
Convocatoria juevera de la mano de 👇Patricia y Rossana
Nadie sabía de dónde venía aquel hombre. Aparecía los jueves, siempre a la misma hora, con el brazo lleno de corbatas de todos los colores. Las ofrecía en las esquinas, a la salida de los cafés y frente a las oficinas, donde los caballeros, solían detenerse a regatear.
—Una corbata, señor, puede cambiarle la vida —proclamaba.
Algunos se reían, creyendo que era una de tantas ocurrencias de aquel vendedor.
Pero yo sabía que mentía a medias. Mi abuelo había comprado una corbata azul marino que, según contaba, le había salvado de acabar en la cárcel. Otro vecino aseguraba que, bajo el nudo de una corbata granate, había encontrado una carta de amor escrita por una mujer que jamás llegó a conocer. Y la señora del tercero juraba que su difunto marido guardaba, en el forro de una corbata amarilla, la llave de una caja fuerte desaparecida durante la guerra.
Una tarde, cuando la lluvia desdibujaba los escaparates, me acerqué. Sobre su brazo izquierdo quedaba una corbata, de un verde casi negro.
—¿Qué historia esconde esta? —pregunté.
El vendedor me miró con ojos brillosos, como si estuviera esperando aquella pregunta.
—La mía, muchacha.
Me contó que había sido un hombre respetable, marido de una mujer hermosa y padre de una niña que desapareció sin dejar rastro. Durante años recorrió ciudades buscando a ambas, hasta que resignado supo que el mundo estaba lleno de puertas que se abrían por el lado de los recuerdos.
Y sin más palabras se alejó, pero lo más extraño es que el viento arrastró la corbata a mis pies. Poco después, al deshacer el nudo, encontré una fotografía diminuta: una niña de ojos claros, idénticos a los míos.









































