domingo, 2 de febrero de 2020

Entre tinieblas







No se si brillan las estrellas
pero sé que estoy entre ellas.
No se si la luna alumbra
pero yo solo veo penumbras.

No se porque mi billete me lleva
hacia un destino sin frontera,
ni porque sólo veo tinieblas
y mis ojos intentan ver las estrellas.

Pero sé, que mi viaje tiene nombre y
al final de este camino todo es posible.
Y sé que los ángeles velan en la noche
por las almas perdidas en el horizonte.

Y no importa la melancolía ni la soledad
donde Brille el sol habrá esperanza, y
donde la oscuridad sea plena, llegará
la luz al corazón del alma buena.

©Nuria de Espinosa

lunes, 20 de enero de 2020

En la madurez




Cuándo el pensamiento reflexiona sobre las extrañas circunstancias que rodean al sol
miles de partículas se abren en flor.

La esperanzada juventud se evapora rápida y veloz, inquieta por su transformación y asustada al convertirse en una bella flor.

La madurez, soberbia y presuntuosa, no susurra el dolor del alma, y poderosa no compite con la esencia de la vida incauta.

Sólo los pesares se cubren del rocío matinal
como el agua que fluye por el manantial
y envuelve el aroma de las ninfas del mar.

©Nuria de Espinosa

sábado, 18 de enero de 2020

Los sueños

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Descubro el silencio como pausa en el viento, sin que nadie responda al latir de mis sueños.

Las sombras, no llamarán al silencio, como el canto del pájaro que añora los sueños.

Laten mis versos, en el jardín de los recuerdos donde no hay premura ni tampoco sueños.

No cubriré de música el olvido entristecido pero guardaré en el alma, los sueños y el destino que guiará su camino.

©Nuria de Espinosa

lunes, 13 de enero de 2020

La noche


Una noche rasgue mis entrañas
y en su interior no encontré nada
ni cicatrices, ni heridas ni huellas,
solo el eco de palabras huecas.

El rio se mantenía en calma
y los árboles reflejaban su sombra,
La luna parecia sonrosada
y mis entrañas seguían calladas.

Dicen que el mar susurra en la noche
no hay lucero ni tormenta ni faroles,
solo silencio, mis entrañas y la noche.

©Nuria de Espinosa

martes, 7 de enero de 2020

Caminando a mi destino

Caminaba dolorida y no
me atrevía a girar la vista atrás.
El polvo levantaba la tierra
tras mis pasos, y cansada y polvorienta
me dejé caer al borde del camino sobre la hojarasca. Muy lejos quedó la niñez, y la
adolescencia se fue más rápido de lo que llegó dejándome sola con la madurez
que se aproximaba lenta, sin pausa, pero segura de alcanzarme.

Una mariposa reboloteaba a mi alrededor en una danza satírica que parecía reírse de mi sombra. Una sombra que en ocasiones se negaba a querer viajar tras de mí, y yo, solo entonces me sentía vacía y perdida.

Junto a la mariposa un colibrí revoloteo quizás animado por su danza y durante al menos unos segundos, sin mover más que sus alas, quedó prendado en mi mirada.
Fue extraño pero dio ánimo a mi camino
y inicié mi destino a un futuro sin sentido .


©Nuria de Espinosa

lunes, 6 de enero de 2020

El futuro no perece


La vida es nuestra y la ciudad espera
que al anochecer la luna luzca solera y
las chimeneas humeen en el frío invierno.

Las nubes al viento siguen en cadena
ataviadas por la luz de las estrellas qué
rezagadas quedan a merced de la niebla.

Vamos trazando el camino de Oriente
bajo el humo de las chimeneas la urbe se dirige hacia un futuro que no perece
y que el poeta escribe pesadamente.

Se disipa la niebla como una niña que juega entre risas y promesas; el viento cálido se posa a sus pies, alza la cabeza y se detiene.

Se descubren los versos de la vida y la ciudad espera el momento del lucero
que osado deambula bajo la luz de la luna.


©Nuria de Espinosa

miércoles, 1 de enero de 2020

El despertar

Entrando por la puerta camina
despacio, sólito y sin prisa.
Le acompañan la ilusión y la esperanza
arropados por la bondad y la añoranza.

Es momento de pasar página, y abrazar
los sueños que en el alma se guardan,
olvidando la tristeza y dando paso a la
felicidad, que el nuevo año te viene a dar.

El pasado quedó reprimido, y las heridas
por fin, se han encogido. Es hora de recitar
y un sincero poema poder declamar.

Mi camino es melancólico, pero no alberga oscuridad ni tristeza, sólo una efímera destreza.

Abro los brazos al sol y la madurez lenta sonríe como un instante de sensatez
que embriaga mis cinco sentidos
y escucho mi corazón respirar otra vez.

Las arrugas que surquen mi rostro,
serán bienvenidas, y aceptadas con lucided.
Sólo deseo ser feliz y que en el mundo las cortinas de la paz se destapen de una vez.


©Nuria de Espinosa




Entre tinieblas

No se si brillan las estrellas pero sé que estoy entre ellas. No se si la luna alumbra pero yo solo veo penumbras. No se porque...