lunes, 20 de enero de 2020

En la madurez




Cuándo el pensamiento reflexiona sobre las extrañas circunstancias que rodean al sol
miles de partículas se abren en flor.

La esperanzada juventud se evapora rápida y veloz, inquieta por su transformación y asustada al convertirse en una bella flor.

La madurez, soberbia y presuntuosa, no susurra el dolor del alma, y poderosa no compite con la esencia de la vida incauta.

Sólo los pesares se cubren del rocío matinal
como el agua que fluye por el manantial
y envuelve el aroma de las ninfas del mar.

©Nuria de Espinosa

sábado, 18 de enero de 2020

Los sueños

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Descubro el silencio como pausa en el viento, sin que nadie responda al latir de mis sueños.

Las sombras, no llamarán al silencio, como el canto del pájaro que añora los sueños.

Laten mis versos, en el jardín de los recuerdos donde no hay premura ni tampoco sueños.

No cubriré de música el olvido entristecido pero guardaré en el alma, los sueños y el destino que guiará su camino.

©Nuria de Espinosa

lunes, 13 de enero de 2020

La noche


Una noche rasgue mis entrañas
y en su interior no encontré nada
ni cicatrices, ni heridas ni huellas,
solo el eco de palabras huecas.

El rio se mantenía en calma
y los árboles reflejaban su sombra,
La luna parecia sonrosada
y mis entrañas seguían calladas.

Dicen que el mar susurra en la noche
no hay lucero ni tormenta ni faroles,
solo silencio, mis entrañas y la noche.

©Nuria de Espinosa

martes, 7 de enero de 2020

Caminando a mi destino

Caminaba dolorida y no
me atrevía a girar la vista atrás.
El polvo levantaba la tierra
tras mis pasos, y cansada y polvorienta
me dejé caer al borde del camino sobre la hojarasca. Muy lejos quedó la niñez, y la
adolescencia se fue más rápido de lo que llegó dejándome sola con la madurez
que se aproximaba lenta, sin pausa, pero segura de alcanzarme.

Una mariposa reboloteaba a mi alrededor en una danza satírica que parecía reírse de mi sombra. Una sombra que en ocasiones se negaba a querer viajar tras de mí, y yo, solo entonces me sentía vacía y perdida.

Junto a la mariposa un colibrí revoloteo quizás animado por su danza y durante al menos unos segundos, sin mover más que sus alas, quedó prendado en mi mirada.
Fue extraño pero dio ánimo a mi camino
y inicié mi destino a un futuro sin sentido .


©Nuria de Espinosa

lunes, 6 de enero de 2020

El futuro no perece


La vida es nuestra y la ciudad espera
que al anochecer la luna luzca solera y
las chimeneas humeen en el frío invierno.

Las nubes al viento siguen en cadena
ataviadas por la luz de las estrellas qué
rezagadas quedan a merced de la niebla.

Vamos trazando el camino de Oriente
bajo el humo de las chimeneas la urbe se dirige hacia un futuro que no perece
y que el poeta escribe pesadamente.

Se disipa la niebla como una niña que juega entre risas y promesas; el viento cálido se posa a sus pies, alza la cabeza y se detiene.

Se descubren los versos de la vida y la ciudad espera el momento del lucero
que osado deambula bajo la luz de la luna.


©Nuria de Espinosa

miércoles, 1 de enero de 2020

El despertar

Entrando por la puerta camina
despacio, sólito y sin prisa.
Le acompañan la ilusión y la esperanza
arropados por la bondad y la añoranza.

Es momento de pasar página, y abrazar
los sueños que en el alma se guardan,
olvidando la tristeza y dando paso a la
felicidad, que el nuevo año te viene a dar.

El pasado quedó reprimido, y las heridas
por fin, se han encogido. Es hora de recitar
y un sincero poema poder declamar.

Mi camino es melancólico, pero no alberga oscuridad ni tristeza, sólo una efímera destreza.

Abro los brazos al sol y la madurez lenta sonríe como un instante de sensatez
que embriaga mis cinco sentidos
y escucho mi corazón respirar otra vez.

Las arrugas que surquen mi rostro,
serán bienvenidas, y aceptadas con lucided.
Sólo deseo ser feliz y que en el mundo las cortinas de la paz se destapen de una vez.


©Nuria de Espinosa




lunes, 30 de diciembre de 2019

Impacientes

El murmullo en la sala de espera de urgencias en el hospital más cercano era ensordecedor. Allí había personas ancianas cuyo quejido se apreciaba incluso en los box de urgencias. Al bebé le costaba respirar y esto provocaba que su ritmo cardíaco se acelerase tanto que su carita estaba de color rojo a causa del esfuerzo.
Las horas pasaban y los nervios se apoderaban de la mamá del pequeño.
Cómo podía ir todo con tanta lentitud? Se preguntaba la mujer nerviosa. Salió una enfermera con una Coca-Cola en la mano. Entre risas comentaba al controlador de la sala lo agobiada que es sentía.

—Llevo toda la mañana sin parar, hoy no podemos ni ir al baño.
La mamá del bebé sintió que la ira le invadía. Se levantó de golpe con el niño en brazos y a voz en grito dijo:

—Llevó cuatro horas esperando y usted se queja de que no tiene tiempo de ir al baño? No le da vergüenza?
La enfermera la miró furiosa y volvió a entrar dentro de la zona de box. La mamá del bebé siguió gritando;

—Es que no ven que mi niño no puede esperar, que su corazoncito late muy deprisa? Sólo tiene quince días de vida, no es lo suficientemente urgente?

—Señora las prioridades no las...—intento apelar el celador.

—Callese y más le vale que mi niño entre ya o si no...

En ese momento la cabeza del pequeño cayó hacia un lado. El hombre se percató de ello y antes de que la madre reaccionase le arrancó prácticamente el bebé de los brazos y lo introdujo en la sala de boxers pidiendo ayuda a sus compañeros.

—Parada cardíaca - gritaba- que venga la doctora López.

El murmullo de la sala de urgencias cesó de pronto ante la atónita mirada de la madre que continuaba en estado de shock. Tras varios minutos lograron reanimar al niño que padecía una fuerte neumonia.
Otra enfermera salió a informar a la madre del bebé y se dio cuenta del estado en el que se encontraba. La cogió del brazo y la pasó a urgencias a la vez que murmuraba,
—vaya día llevamos hoy.
Nadie supo entender cual fue el detonante, pero en ese mismo instante las personas que llevaban horas esperando en la sala se levantaron al unísono y enfurecidas entraron en la sala de urgencias, zona boxers. Los médicos se encontraban en el centro rodeados por un pequeño círculo de mostradores. Hablaban y bromeaban tranquilamente. Uno de ellos notó la presencia de las 20 personas que les miraban con ira desmesurada. No dio tiempo de reacción a nadie.
Se abalanzaron sobre médicos y enfermeras como alma que lleva el diablo y a mordiscos terminaron con la larga espera.
La imagen era dantesca. Los gritos, esta vez de los empleados sanitarios aterradores. En pocos minutos en la sala, sólo se escuchaba el sonido de las máquinas.
La zona de boxers era imposible de describir tras el horror que aparecía. Sólo el llanto desconsolado del bebé, retumbaba en la sala.

©Nuria de Espinosa

En la madurez

Cuándo el pensamiento reflexiona sobre las extrañas circunstancias que rodean al sol miles de partículas se abren en flor. La espe...