Las nubes pasan
"Crees que el sufrimiento hay que afrontarlo; vivirlo y sentirlo; acurrucarte en él para entenderlo y entenderte; escucharlo¿?
¿O crees que hay que obviarlo; negarte a sufrir y obligarte a estar en un estado de positividad constante porque de lo contrario sientes que estás desperdiciando tu vida?
Escribid sobre ello en cualquier formato y sin límite de palabras".
Y para acompañar el texto, si lo deseáis, os comparto unas imágenes de Tea Jagodić, fotógrafa, autorretratista conceptual y diseñadora gráfica, nacida en 1992 en Banja Luka, Bosnia y Herzegovina, de las que podéis escoger la que resuene con vuestro aporte.'
Está la imagen de mi elección.
¿Cómo podía reprimir mi dolor, mi sufrimiento, si sus disparos eran flechas que se incrustaban en mi cuerpo?
El tablero de la vida puso a su reina con su dosis negativa y crítica, y su exceso embestía mis horas de una dolorosa oscuridad.
Tolerar era una cosa; soportar el dolor que me consumía, otra completamente distinta, pues el dolor que me devoraba se hacía insufrible.
Bebí, bebí de las raíces del mal, cuyo líquido quemaba mis entrañas.
Fue costoso de aceptar, sobre todo cuando temes el final y, sin embargo, aguantas porque no te queda otra, aunque crees que no podrás, y piensas que te romperás.
Tras meses durísimos, le hice un guiño a la vida y, aunque he tenido recaídas, afronto cada una de ellas con valentía, porque vivir duele, pero también quema su belleza: solo se vive una vez.
Por eso he llegado a una conclusión que inunda mis noches y días de fortaleza: no debo escuchar el malvado tic‑tac, sino avanzar aunque intente arrastrarme hacia la oscuridad, porque mi lucha y resistencia es como un fuego que se niega a apagarse.
"El dolor se arrastra en somnolencia de alquitrán,
se mece entre mis costillas como un péndulo de bruma.
Mis venas son corrientes de líquido ocre,
y cada suspiro un crujido de espejismos que me devoran.
Bebo de la tintura del desencanto,
cuyo fuego interior me cincela los órganos con la paciencia del artesano.
Los relojes vomitan su música,
y la noche se enrosca en mis párpados como una serpiente de cristal.
Soportar es urdirse a una misma en espiral,
trenzar la agonía en filamentos de coraje invisible.
Cada lágrima es un quásar de desamparo,
cada silencio, un grito que nadie puede oír.
Y aun así, en la grieta de este tormento,
florece un hilo de luz que sabe a metal y resina.
Avanzo, aunque mis pies chapoteen en sombra,
porque incluso la desesperación tiene un sabor que merece ser vivido".



































