viernes, 19 de abril de 2019

Antologías por Palestina I y II





Mi participación en las antologías por Palestina I y II con los poemas
Siempre habrá una esperanza y Fortaleza.
©Nuria de Espinosa

jueves, 18 de abril de 2019

Libertad ciudad Juarez


Mi participación en la III Antología Ciudad Juarez con mi poema
              Libertad  Ciudad Juarez

Miedo, Otoño de 1775

No sé cuanto tiempo debió pasar antes de atreverme a salir de mi habitación. Sin hacer el más mínimo ruido fui haber cómo estaba Mery. Todavía dormía, pero un sudor frío inundaba su cuerpo. Me alarme y la llamé para que despertara. No reaccionó y entonces levanté sus párpados que estaban grisáceos. Mis manos temblaron inexplicablemente al percibir como la puerta se abría lentamente. No lo había previsto y allí estaba la institutriz con su curvilíneo cuerpo paralizando cualquier salida.
-Mery, no se encuentra bien-dijo con un tono de voz que me heló la sangre-tienes tooodo el día para hacer lo que quieras-esta vez, su rostro delataba la ironía con la que hablaba-es mejor que la niña descanse hoy, seguro que mañana ya estará mejor.
Quise contestar, pero con su mirada me aviso que era mejor que callara, apreté los dientes, me mantuve en silencio y salí de la habitación furiosa.  El miedo se hizo presa de mí, pero sobre todo temía por Mery.  Que oscuridad asediaba al señor Fure para planear semejante barbaridad? Sería Máximo el verdadero señor Fure? Y porque de las otra nodrizas nunca se supo más de ellas? Se encontraba en un laberinto de pensamientos sin respuestas, y empezaba a convencerse que tal vez el ala sur, prohibida explícitamente por el señor Fure y recalcada en varias ocasiones por la institutriz, pudiera obtener respuesta. Dedicaría el día a intentar averiguar algo más sobre los padres de Mery...

©Nuria de Espinosa

miércoles, 17 de abril de 2019

Oda al olvido

La lluvia caía,
el viento bramaba,
tu ausencia rujía
y el cielo gritaba.

Temieron las palabras
que enmudecidas temblaron
en una noche
sin estrellas,
con el corazón destrozado.

Y el aire absorbió tu aroma,
frente a un olvido tardío
y esta poesía que hoy es oda,
conmovió el recuerdo perdido.

Y abrazas las horas del silencio
de una soledad desbordada,
donde la pregunta no existe
y la respuesta ha sido olvidada.

martes, 16 de abril de 2019

La isla de Fure, otoño de 1775

La niebla cubría la mañana, gélida como el hielo. Mery dormía, pensé que podía ser el mejor momento para intentar averiguar en qué trabajaba el señor Fure y porqué llevaba meses sin preocuparse de su hija. Me diriji a su despacho que estaba en el ala oeste de la mansión junto a la biblioteca, sigilosa sin hacer el menor ruido. La puerta estaba abierta, desde el interior el sonido de unas voces que hablaban en voz bajo llego hasta mí. Me estremeció. Quién podía ser. Casi de puntillas me acerqué lo más que pude al marco de la puerta hasta oír lo que decían.
-Lo siento Máximo, pero he aguantado demasiado y estoy cansanda de esperar. Dijiste que no duraría más de dos meses y ya dura un año y dos meses. Y yo creo que la niña sospecha y hasta la niñera creo que...
-Callate-. Lo hecho, hecho está. Como iba a imaginar que esa zorra tenía tanto aguante. -Decia el señor Máximo alzando la voz- Tú procura que no salga de su habitación y sigue poniendo la misma dosis en la última toma de leche antes de dormir, así no deja rastro. Y a la niña lo mismo, pero un poco menos puesto que le ha hecho mucha reacción. Si la niña muere antes puede levantar sospechas, en cambio si muere después se le echaría la culpa a que ya tenía la misma enfermedad de su madre y nadie sospechará. Así que aguantas si no quieres ir a la cárcel. Y más te vale tener a la niñera bajo control. Ahora debo irme amada mía. Muy pronto heredare y seremos ricos.
La abrazó y se besaron. No pude ver ni seguir oyendo pues salí rápidamente hacía mi habitación. Tenía que pensar cómo podía pararle los pies a esos dos criminales y lo que era peor, cómo iba a avisar a las autoridades de la conspiración en la isla de Fure, si allí solo llegaba un barco de abastecimiento una vez al mes...

©Nuria de Espinosa

viernes, 12 de abril de 2019

Otoño de 1775

El silencio reinaba en la casa. Me diriji a la estancia más cercana a la puerta. Los maderos crujían bajo el reconfortante fuego de la chimenea del salón. Acerqué mis frías manos al fuego para calentarlas. Nada hacia sospechar que alguien observaba desde un pequeño habitáculo...
Me pregunté que esperaba la institutriz para aparecer.
Ha pasado ya un año y todavia me estremezco al recordar la primera vez que traspase los muros de la perturbadora mansion de los señores de Fure. El sonido cercano del
 chasquido de una puerta al abrirse, llegó hasta el instante en el que me encontraba, el frío y húmedo otoño de 1775.  Con el tiempo el olor a moho que inundaba el ambiente nada más traspasar el umbral de la tétrica puerta de la mansión, pasó a ser como un atardecer sombrío. Los chirridos de las portezuelas y el escalofrío que me provocaba aquella enorme casa, se habían apoderado de mí hasta tal punto que apenas conseguía dormir unas horas. Pero algo me impulsaba a no  salir huyendo de allí; seguramente mi orgullo; o quizás para no darle la razón a mi padre. Seguramente ese era el motivo. Pero hoy, había descubierto, que las dos últimas nodrizas desaparecieron; y la anterior no llegó a su destino. Tengo la sensación de que me vigilan continuamente y estoy aterrada.
© Nuria de Espinosa

jueves, 11 de abril de 2019

El último cuento de Hemingway





Salió por fin del cabildo y miró un instante aquellas mujeres que tejían cobijadas del calor bajo la sombra del porche de sus casas sin prestarle la más mínimo atención, guardaba celosamente su secreto: las primeras letras de su nuevo cuento, intrigante y escueto; envuelto en una trama tenebrosa. Se creía un privilegiado, pero se encontró con un inconveniente difícil de solucionar; los habitantes de aquél pueblo, cubierto de mimbres y mantillas, ignoraban el placer de la lectura. Se encaminó hacia el centro del municipio a paso lento y acompasado sintiendo que decenas de ojos se posaban en él. —Sólo ante el peligro—murmuró entre dientes. De repente, un olor nauseabundo invadió el ambiente provocándole nauseas y el chillido de un puerco le soliviantó. Giró sobre sí mismo sin tiempo de reacción, justo en el momento en que el peso de la guadaña caía sobre Hemingway golpeándole con violencia mientras varios habitantes gritaban:
—Muere erudito, muere.
Su cabeza rodó apenas unos metros. Fue su último viaje, sus últimos pasos, su último cuento jamás contado. Hemingway nunca pudo imaginar que terminaría de aquella brutal manera en manos de seres analfabetos que veían al ilustre como si fuera el mismísimo demonio.

© Nuria de Espinosa

Antologías por Palestina I y II

Mi participación en las antologías por Palestina I y II con los poemas Siempre habrá una esperanza y Fortaleza. ©Nuria de Es...