Mucho más que una mirada
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Propuesta juevera de Mónica:
"Esta semana la consigna se centrará en el poder de las miradas y todas las sensaciones y sucesos que puedan disparar en nuestras reacciones y pensamientos. De esta forma, los participantes que quieran sumarse deberán aportar un relato de alrededor de 350 palabras, narrado EN PRIMERA PERSONA, de género y estilo libre que tenga como disparador el impacto de una mirada (sea quien sea el/la dueño/a de esos ojos y sean cual fueren las circunstancias). A medida que vayan publicando, me dejan el link respectivo y el jueves, armaré la lista de participantes. "
Nunca imaginé que una mirada pudiera detener el tiempo.
Aquella tarde estaba sentada junto a la ventana, con una taza de café entre las manos, observando cómo la lluvia dibujaba caminos sobre los cristales. Había sido un día cualquiera, de esos que se escurren sin dejar huella. Hasta que mi nieta entró en la habitación.
—Abuela.
Levanté la cabeza y me encontré con sus ojos.
Azules. No de un azul luminoso y limpio, sino del color del cielo en un día de lluvia, cuando las nubes lo cubren todo y, sin embargo, queda una claridad escondida detrás de ellas.
Me quedé mirándola y algo dentro de mí se estremeció.
No sé cuánto duró aquel instante. Quizá fueron apenas unos segundos. Pero en su mirada vi demasiadas cosas: mi propia infancia, las manos de mi madre, los veranos que creí olvidados, los rostros de quienes ya no estaban y hasta aquella joven que fui antes de que la vida me enseñara a tener miedo.
Sentí un nudo en la garganta.
Mi nieta pareció percibir mi perturbación y sonrió. Entonces sucedió algo extraño.
Por un momento, tuve la certeza de que sus ojos no me estaban mirando a mí, sino a todo lo que yo había sido. Como si aquella niña pudiera atravesar los años y reconocer mis tristezas, mis alegrías, mis silencios.
—¿Por qué me miras así? —preguntó.
Quise responderle, pero no encontré las palabras.
¿Cómo explicarle que una mirada puede abrir puertas que creíamos cerradas? ¿Cómo explicar que puede despertar recuerdos dormidos, o hacer que una persona se sienta descubierta sin haber dicho una sola palabra?
Me acerqué y la abracé contra mi pecho.
A través de la ventana seguía lloviendo.
Entonces me di cuenta que las miradas no sirven solamente para ver; sino también para recordar quiénes somos, o fuimos. Porque mientras esos ojos azules como un cielo de lluvia siguieran buscándome, nunca me sentiría perdida.


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