Tras varias semanas de gran intensidad y con una nueva semana que se presenta cargada de visitas médicas, he llegado a una conclusión que quizá necesitaba escuchar desde hace tiempo: también hay que saber parar.
Cuando el estrés se acumula, la mente y el cuerpo necesitan espacio para respirar. No siempre podemos seguir adelante al mismo ritmo, atendiendo a todo y a todos. A veces, desconectar no es abandonar, ni rendirse, ni dejar nada atrás; es simplemente concedernos el descanso que necesitamos para recuperar fuerzas.
Por eso, he decidido tomarme al menos una semana de descanso. Alejarme un poco de las obligaciones, del ruido y de las prisas. Dejar que la mente se aquiete, respirar despacio y permitirme, sin culpa, no hacer nada.
Porque parar a tiempo también es una manera de cuidarse.
Nos leemos a la vuelta, con más calma, más energía y, espero, con la mente renovada.

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