Desde Artesanos de la palabra está semana la propuesta para la convocatoria juevera es:
Detectives de valijas
«Vamos a imaginar que nuestro protagonista, después de un viaje largo, llega al hotel, abre la valija y encuentra entre la ropa: 1- Un rollo de papel higiénico. 2- Un pelapapas. 3- Una capa. Algo muy loco ¿no?»
Después de catorce horas de viaje, tres aeropuertos y una escala en la que un niño decidió utilizar mi asiento como trampolín, llegué al hotel dispuesto a no volver a moverme durante cuarenta y ocho horas.
Dejé la valija sobre la cama, pedí una ducha y, antes de abrirla, recordé mi profesión: detective de valijas.
No era un título oficial. En realidad, investigaba equipajes perdidos, intercambiados o sospechosamente pesados. Pero aquella noche mi propia valija estaba a punto de convertirse en mi caso más extraño.
Abrí el cierre.
Entre camisas arrugadas apareció un rollo de papel higiénico.
Fruncí el ceño.
—Interesante.
Debajo había un pelapapas.
—Muy interesante.
Y, al fondo, cuidadosamente doblada, una capa negra.
—Esto ya es preocupante.
Me senté en la cama y observé los tres objetos como si fueran pruebas de un asesinato.
El papel higiénico podía significar una emergencia. El pelapapas, una cena improvisada. Pero la capa...
¿Quién viajaba con una capa?
Entonces recordé al hombre que había visto en el aeropuerto: sombrero, gafas oscuras y una valija idéntica a la mía.
Bajé corriendo a recepción.
—Creo que alguien ha cambiado mi equipaje.
El recepcionista palideció.
—¿Usted también encontró los tres objetos?
—¿También?
Se inclinó hacia mí y susurró:
—Anoche otro huésped encontró exactamente lo mismo.
Regresé a mi habitación.
Sobre la cama, junto a mi valija abierta, había un sobre que antes no estaba.
Dentro solo decía:
«Medianoche. Ascensor. Traiga la capa».
Miré el reloj.
Faltaban diez minutos.
Suspiré.
—Perfecto. Catorce horas de viaje para terminar trabajando de nuevo.
Me puse la capa, agarré el pelapapas y guardé el papel higiénico en el bolsillo.
Uno nunca sabe.
Y cuando el ascensor llegó, una voz desde dentro preguntó:
—¿Trajo las tres cosas?
—Sí.
—Entonces podemos empezar.
—¿A pelar patatas?
Hubo un silencio.
—No exactamente.
Las puertas se cerraron.
Y entonces me di cuenta que aquella iba a ser una noche muy larga.

No hay comentarios:
Publicar un comentario