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domingo, 13 de julio de 2025

Postal desde Egipto


Convocatoria de los jueves 
               "El viaje que nunca Hice"

Más información en el blog de Campirela




Querido amigo:

Te escribo desde El Cairo, aún con el olor del incienso y el polvo del desierto en la ropa. Nunca imaginé que un lugar que solo conocía en libros pudiera estremecerme tanto. Ayer, en Luxor, mientras el sol se derramaba sobre los colosos de Memnón, una anciana me dijo: "Aquí, el tiempo no pasa; se posa." Esa frase se me clavó como una espina dulce.

Probé el ful medames, tan humilde como delicioso, y un koshari callejero que me hizo llorar, quizá por el picante... o por el momento. En una barca sobre el Nilo, creí entender la eternidad: lenta, silenciosa, inevitable.

Me perdí en el bazar de Khan el-Khalili, regateando con palabras que inventé en el acto. Una cabra me siguió durante media hora. No me preguntes por qué. Creo que nos entendimos. Ojalá hubieras estado. Pero de algún modo, lo estabas.

Con arena en los zapatos y asombro en el alma,
Yo...
Hoy partí hacia Abu Simbel al alba, cuando el cielo aún era de un azul sigiloso. Frente a las estatuas de Ramsés, sentí una especie de pequeñez digna, como si todo mi ruido interior se hubiera rendido ante su silencio pétreo. Allí, una niña me ofreció una pulsera hecha de hilo y me dijo en un castellano roto: “Para que siempre vuelvas, aunque no regreses.”

La llevaré siempre. Como este viaje que nunca hice… pero que, de alguna manera, viví.

Un abrazo desde la orilla de lo irreal,
Tú, en Egipto.


jueves, 11 de julio de 2024

Un ratón muy avispado

 


Ernesto llevaba años trabajando en su taller de reparación de calzado; era un hombre solitario y reservado, que no tuvo hermanos, ni esposa, y al fallecer sus padres heredó el taller. Su padre le enseñó el oficio y nunca se arrepintió de haberse quedado el taller que había pasado de su abuelo a su padre y después a él. Una noche, mientras reparaba unas botas desgastadas, notó un movimiento en la penumbra del taller. Al alzar la vista vio un ratoncito que corría hacia un agujero en la pared. Tuvo la extraña sensación de que el ratón quería atraer su atención. Al día siguiente vio que recolectaba pequeños trozos de cuero y tela que él dejaba caer accidentalmente y sonrió. Pensó que el animal era más listo de lo que creía. Cada vez, que el ratoncito salía de su guarida, corría a su alrededor y luego huía. Él sentía más curiosidad por saber qué había dentro de aquel agujero. Cogió una linterna y, dirigió la luz hacia el interior del hueco donde pudo ver en su algo que lo dejó perplejo: una serie de objetos deteriorados y desgastados, entre ellos una pequeña caja de madera. 


Se preguntó intrigado cuánto tiempo llevaba el ratoncito viviendo dentro de su taller. Cogió un alambre y logró alcanzar la pequeña caja y arrastrarla fuera del agujero. El candado estaba oxidado por el paso del tiempo y la humedad, no obstante, con sus herramientas, y algo de paciencia, consiguió abrir el candado. Dentro de la pequeña caja, había un diario cuyas páginas deterioradas, estaban amarillentas por el paso del tiempo. Pertenecía a un zapatero que había trabajado en el mismo taller en otra época. Se quedó pensativo, siempre había creído que fue su abuelo el primero en abrir el taller. «¿Cómo es posible?». Se preguntó.«¿Cuánto tiempo llevas aquí?», murmuró al mirar el diario.


Qué resultó ser el diario de un hombre que había dedicado su vida a buscar un par de zapatos mágicos que otorgan a su portador la habilidad de caminar entre dos dimensiones, la onírica y la real. En las últimas entradas del diario, ponía una fecha: 1806, el dibujo de un mapa y las pistas indicando la ubicación de los zapatos. «¡Logró encontrarlos!», exclamó. Dedujo que estaban en algún lugar del taller. Aunque algo escéptico, siguió las pistas del diario durante largas noches, descifrando las pistas y explorando cada rincón del taller sin éxito. Tras varios días de búsqueda, mientras pensaba qué se le pasaba por alto, vio que algo resaltaba en una de las paredes. «¿Qué hace un clavo aquí?, nunca me había fijado». Con un martillo golpeó sobre el clavo. De repente una puerta se abrió ante sus ojos. Llevaba hasta un pequeño habitáculo lleno de polvo y telarañas. En el centro solo había un cofre descolorido cubierto de polvo. Con manos temblorosas, lo abrió y allí estaban... ¡Los zapatos mágicos! Hechos de un cuero iridiscente que cambiaba de color bajo la luz de las velas. Cuando se los calzó, sintió una energía recorrer su cuerpo. Cerró los ojos y, de repente, se encontró en una dimensión donde los árboles eran gigantes, la luna era un dragón violeta y el cielo lágrimas azules. Desde esa noche, vivió entre los dos mundos, reparando zapatos durante el día, y explorando el mundo de los sueños al anochecer, con su inseparable compañero, el ratoncito. 




viernes, 16 de febrero de 2024

Algo cambió en su interior

 



Microcuento inspirado en un pasaje de la biblia.


Quiso robar su talento en cuanto vio cómo Abel gestionaba las indicaciones de su padre. Sin embargo, algo cambió dentro de él; ¡era su oportunidad para demostrar su valía! Se acercó por detrás mientras su hermano estaba preparando el ganado. Sin un atisbo de duda, le clavó el cuchillo en la espalda varias veces hasta que Abel cayó muerto. Caín enterró el cadáver. Dirigió el ganado hasta la borda y ya en la choza comunicó a su padre que su hermano se había marchado a un lugar mejor. 


https://bloguers.net/votar/NuriadeEspinosa

Un día lleno de amor

Viernes Felino. Rellenos Amistosos y Viernes de la Naturaleza Con  Messy Mimi  y  Nature Fridey   La naturaleza nos regala flores, los anima...