2a Edición
«Gracias Don por esta magnífica reseña hecha desde el corazón.»
El 25 de septiembre es el aniversario de "La catástrofe que marcó un pueblo", de Nuria de Espinosa
Hay libros que se leen y otros que, de alguna manera, se escuchan en el silencio que dejan sus páginas, en las voces de quienes ya no están y en la memoria de quienes sobrevivieron para contar lo ocurrido. La catástrofe que marcó un pueblo, de Nuria de Espinosa, pertenece a esos libros que no permiten al lector permanecer indiferente.
La autora rescata del olvido una de las noches más trágicas de la historia de Rubí: la riada del 25 de septiembre de 1962. Pero no se limita a ofrecernos una sucesión de datos sobre aquella catástrofe. Su verdadero valor está en devolverle un rostro humano a la tragedia. Detrás de cada cifra hay una persona, una familia, una casa, un proyecto de vida que el agua pudo borrar en cuestión de horas.
Nuria de Espinosa realizó una profunda labor de investigación, recurriendo a archivos municipales, fotografías, documentos y, especialmente, a los testimonios de quienes vivieron aquella noche. Algunos recuerdos permanecieron durante décadas sepultados bajo el silencio, quizá porque determinadas heridas necesitan muchos años antes de atreverse a pronunciar su nombre.
Y ahí encuentro una de las mayores virtudes del libro: la memoria como forma de justicia.
Porque recordar no siempre significa quedarse atrapado en el pasado. A veces recordar es impedir que quienes sufrieron desaparezcan por segunda vez. La primera vez se los llevó la tragedia; la segunda podría llevárselos el olvido.
La lectura consigue trasladarnos a aquella noche oscura en la que el agua irrumpió con una violencia devastadora y dejó tras de sí muerte, destrucción y desconcierto. Rubí quedó marcado para siempre, pero también emergió algo que suele aparecer en los momentos más terribles: la solidaridad. Personas anónimas ayudando a otras personas, vecinos buscando supervivientes, manos tendidas allí donde todo parecía perdido.
Quizá por eso este no sea únicamente un libro sobre una riada. Es también un libro sobre la fragilidad humana y nuestra capacidad de resistir.
Me ha gustado especialmente que la autora no permita que la historia quede convertida en una fría relación de acontecimientos. La investigación se convierte en memoria viva y los documentos adquieren una dimensión emocional. Las fotografías dejan de ser simples imágenes del pasado y parecen convertirse en ventanas abiertas hacia una ciudad que todavía conserva, de algún modo, el replicar de las campanas de aquella noche.
Hay tragedias que terminan cuando cesa el agua. Otras continúan durante años en la memoria de quienes las vivieron.
La catástrofe que marcó un pueblo habla precisamente de esas segundas.
Y quizá esa sea la razón por la que este libro trasciende su condición de documento histórico. Porque mientras lo lees comprendes que un pueblo no está formado solamente por sus calles, sus edificios o sus plazas. Está hecho de historias. De ausencias. De recuerdos. De nombres que alguien se empeña en rescatar.
Nuria de Espinosa ha realizado, con este libro, un ejercicio de memoria y de sensibilidad. Ha abierto un espacio para que una tragedia que marcó a Rubí siga teniendo voz muchas décadas después.
Porque hay aguas que arrasan casas, caminos y recuerdos.
Pero hay algo que ninguna riada debería conseguir jamás: llevarse la memoria de quienes estuvieron allí.



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