#RelatoOscuro
— Ramón, a la pobre niña la han llevado al manicomio, dicen que está poseída.
—El párroco dijo que no era posesión, si no que la cría está maldita.
Ramón guardó silencio. Penetró en el bosque y al traspasar el umbral del manicomio, notó la presencia de la muerte. Escuchó un batir de alas y se giró con rapidez; allí estaba Cristin, su sobrina, con un camisón blanco ensangrentado y a su lado, un extraño ser alado de garras afiladas. Ella empezó a reír, había hecho un pacto con el diablo. Él disparo; pero el ser alado se puso enmedio con rápidez, Cristin lo miraba con odio, entonces aquel ser se abalanzó sobre él y lo atrapó entre sus alas; en pocos segundos absorvió toda su sangre y lo mató.
Durante mucho tiempo Cristin y los seres alados dominaron el entorno del manicomio impidiendo que nadie se acercase a los alrededores del siniestro lugar, pero el horror se había extendido envolviendo el manicomio de putrefacción y muerte. Mientras los seres alados llevaban a cabo sus macabros rituales, Cristin, convertida en su líder, se deleitaba con el sufrimiento de las víctimas que eran sometidas a terribles torturas. La oscuridad era su aliada y cada noche en el infierno más horrible, los gritos desgarradores de las víctimas envolvían el bosque.
Un día, tras llegar a sus oídos lo que sucedía alrededor y dentro del manicomio, a un grupo de cinco discípulos de la Orden de la Cruz, se les dio la misión de desafiar a la oscuridad y poner fin a aquel reinado de terror. Se adentraron en el bosque prohibido en busca de respuestas, allí encontraron un laberinto de pasillos oscuros y pequeños habitáculos llenos de restos de cadáveres, algunos crucificados, otros torturados hasta la muerte en aquel lugar lúgubre que conducía hasta el manicomio. El murmullo de las almas perdidas les guiaban hacia lo más profundo del mal. La mente de Cristin era un abismo del que no podían escapar, pero sabían que debían enfrentarse a ella convencidos de que sufría una posesión demoníaca. Cuando subieron los peldaños de acceso al gran salón comedor del manicomio, ahora convertido en un macabro escenario de esqueletos y cadáveres putrefactos, Cristin rodeada de los seres alados les esperaba. Sus ojos rojo sangre desprendían odio y su retorcida sonrisa era el reflejo de la posesión del diablo. Los discípulos se santiguaron, y lucharon contra las garras afiladas de aquellos seres, resistiendo cada embestida de sus alas con rezos, a la vez que hacían el ritual para exorcizar a la joven.
Con un rápido acto reflejo cuando iba a ser atacado por uno de los seres, el líder del grupo pronunció palabras sagradas y arrojó agua bendita sobre ella. Cristin se retorció de dolor, gritó, blasfemó y, finalmente, el diablo abandonó su cuerpo. La joven volvió en sí, sin recuerdos de los horrores que había cometido. El manicomio quedó envuelto en un silencio sepulcral. Los seres alados desaparecieron entre las sombras, disipándose junto con el mal que habían traído consigo. Cristin había sido liberada del tormento de una vida llena de oscuridad. Pero nadie sospechó qué aunque el manicomio, se sumergió en un profundo silencio, la paz no volvería a reinar en los alrededores de aquel lugar maldito que jamás sería olvidado por el resto del mundo. Tras la marcha de los discípulos de la Orden de la Cruz, Cristina que había sido llevada a la sacristía donde el sacerdote del pueblo la esperó para confesarle y invitarla a unirse al convento de las Clarisas. Pero tras la confesión, el sacerdote se confió dejando sola a Cristin para que rezase por sus pecados, pero ella huyó durante el crepúsculo, y regresó al manicomio a través de los pasadizos que solo ella conocía. Había engañado a la Orden de la Cruz y a sus discípulos combatientes directos contra el demonio. Sin embargo, Cristin se aseguró de que nunca encontrarán los pasadizos; bloqueó la entrada con dinamita y quedó sepultada para siempre. No obstante, su historia quedaría grabada para siempre en la memoria de los ancianos que se encargaban de recordar a los niños y jóvenes que el mal siempre acecha entre las sombras del bosque, esperando su próxima oportunidad para consumir a inocentes almas.
Nuria de Espinosa








































