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miércoles, 17 de junio de 2026

¿Y si el delirio está en manos de los sueños?


 Imagen obtenida del blog de la nuestra compañera Sylvia 👉 Palabras al abismo 

Convocatoria juevera: "Esta semana te propongo un juego de inspiración: elige a uno de los Eternos —o a varios, si la historia así lo exige— y deja que su esencia se cuele en tu imaginación. Adopta por unos días su mirada, sus anhelos, sus contradicciones o sus poderes. Escucha la voz que susurra desde su eternidad y permite que marque el rumbo de tu relato juevero."


La noche había olvidado cómo transcurrir. Los relojes giraban hacia atrás y las estrellas colgaban de hilos invisibles como frutos dormidos. Caminó por una senda hecha de páginas arrancadas de libros que jamás fueron escritos. A cada paso, las palabras se transformaban en peces de cristal y desaparecían bajo una niebla azul. Al final del camino encontró un jardín imposible. Los árboles crecían con las raíces hacia el cielo y las flores abrían sus pétalos únicamente cuando nadie las miraba. Allí estaba Delirium.
Llevaba un vestido confeccionado con mariposas de colores cambiantes. Un instante tenía ojos verdes, al siguiente eran de oro líquido, después parecían pequeñas galaxias. Sonrió al verle.

—Los sueños están soñando con personas —dijo mientras hacía flotar una taza de té llena de estrellas—. ¿No te parece preocupante?

Antes de que pudiera responder, una bandada de peces alados cruzó el firmamento submarino que había aparecido sobre sus cabezas. Y sin saber cómo llegó Destiny. No caminó ni surgió de ninguna parte. Simplemente estaba allí, como si siempre hubiera estado. Sostenía el inmenso libro encadenado a su muñeca. Sus páginas se movían solas, impulsadas por un viento que no pertenecía a aquel lugar.

—Todo está escrito —afirmó con voz serena.

Delirium rió.

—Sí, pero las letras se aburren y cambian de sitio.

Destiny abrió una página. Vio su nombre escrito miles de veces, cada uno con una caligrafía distinta. En algunas líneas despertaba. En otras seguía soñando para siempre. Quiso preguntar cuál era la verdadera, pero el jardín comenzó a deshacerse. Las flores se convirtieron en relojes, los relojes en pájaros y los pájaros en lluvia.
Mientras todo desaparecía, Delirium le guiñó un ojo.

—La realidad es un sueño que insiste demasiado.

Despertó con una pluma azul en la mano y la certeza de que, en algún rincón del universo, los Eternos seguían conversando sobre la humanidad.




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