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miércoles, 14 de septiembre de 2016

La pócima

Elena tenía una perspectiva de la vida un tanto inusual. Para ella todo quedaba en un plano convencional escepto su propio egoísmo. Su fantasía parecía un terremoto interno que sólo se aplacaba frente al espejo.
Claro estaba que la intensidad que Elena le daba a sus inquietudes afloraban tan rápido como llegaban. Ya de niña soñaba con los escenarios y veía en su mente como el público le aplaudía intensamente, pero se cruzó Raúl en su camino y ahora; cocinera, ama de casa, canguro y fregona. Todo excepto actriz.
-Ha no, eso no- se dijo- este es mi gran papel, el mejor. Muy pronto quedaré libre y nada hará sospechar y sobre mí.

Elena continuó sumida en sus pensamientos mientras regaba delicadamente aquella planta que sería su liberación.

sábado, 10 de septiembre de 2016

El dolor del alma


Como duele, Dios mío
Como duele!
Tengo roto el corazón
Por culpa de un amor.

Cómo duele Dios mío
Cómo duele,
Por culpa de una traición
Que parte mi alma en dos.

Cómo duele señor,
Cómo duele,
Que fue lo que te hice yo?
Entregarte todo mi cuerpo,
Entregarte todo mi amor.

Como duele Dios mío,
Como duele.
Qué fue lo que te hice yo?
Si sólo te di mi amor.

Las entrañas me arden por dentro
De dolor, de incomprensión...
Tal vez merezco la muerte y
Que descanse mi corazón.


miércoles, 7 de septiembre de 2016

Estrellas en la noche


Sara llevaba toda la tarde pensativa. La vida se le aparecía pequeña, muy pequeña; pero aunque sostenía todo el tronco familiar, algunas veces deseaba tener menos trabajo, más tranquilidad. El fin de semana la reunión en familia se había traslado a un área preparada para las barbacoas. Los niños disfrutaron jugando con el balón y Sara de maravillosos momentos. Pero su hermana lo estaba fastidiando todo con sus continuas quejas sobre el calor que hacia y su continuo paripé sobre lo bien que le iba. Esto provocó una inesperada reacción en Sara.
- Y si todo te marcha tan bien, porque narices no te fuiste aun hotel con aire acondicionado? Eh?
Se hizo un silencio sepulcral en el salón.
-Mira Sara- respondió Claris- Esta claro que hoy no estas de buen humor, así que será mejor que me vaya.
-Si, será lo mejor, o te diré todo lo que no te he dicho en veinte años y te aseg...
Claris no la dejó terminar la frase.
-No digas nada más. Me marcho de inmediato. Nunca debí haber venido.
Se fue directamente sin esperar la reacción o respuesta de Sara hacia la habitación en la que tenía sus cosas. Tras diez largos minutos salió y se marchó sin despedirse.
Sara con el sentimiento de rabia y culpabilidad se maldijo así misma.
Encima de que su hermana llevaba años sin preocuparse de su madre venía para crearle más problemas.

 -Pues se acabó,- vociferó en el salón como si Claris pudiera oírla. -Se acabó, me oyes? Se acabó.
La maldición de Loren, la seguía sin compasión...
Fue a su habitación y sacó del cajón de la cómoda la efigie que con tanto esmero llevaba más de dos décadas conservando. Durante unos minutos la observó pensativa. Recordó las palabras de Loren el día que se la entregó en custodia veinte años atrás.
Después de aquel día nunca más volvió a verla. Dudó algo temerosa, acarició la efigie y dijo en voz baja; tan baja que sólo ella pudo oír el sonido de su voz...

-Al diablo contigo.

Sin más dudas la rompió contra el suelo. Atónita por el arranque de irá que tenía, se sentó al borde de la cama con lágrimas en los ojos y la vista clavada en los añicos en que había quedado la efigie.
A partir de ese momento Sara empezó a darse cuenta del poder que aquel objeto poseía.
Ya nada volveria a ser como antes... Nada volvería a ser normal...

 Una extraña presencia parecía abrazar el entorno. Todo cuánto la rodeaba se vería afectado por la sombra de aquella maldición. Ahora, sólo le queda descubrir como podría romperla...
La oscuridad envolvió la habitación. Un inmenso manto de estrellas cubría el cielo cuyo destello se filtraba a través del cristal descansando sobre la mesilla de noche. Un inquietante aullido proveniente del exterior provocó que un fuerte escalofrío inundase a Sara de los pies a la cabeza. Sin poder evitarlo comenzó a temblar. Se acercó despacio a la ventana y miró hacia la lejanía; le pareció ver algo de color rojo, tan pequeño que era difícil de distinguir...

miércoles, 31 de agosto de 2016

La crudeza de la vida

Mi madre permanecía con la mirada en sus macetas, no se muy bien si sólo observaba los geranios o seguía perdida en su mente. Varios recuerdos afloraron en mi: los correos que no dejaban de llegar en los que compañeros y conocidos me explicaban lo que una persona a la que consideraba amigo iba diciendo sobre mi. Yo intentaba no poner atención y pasaba del tema. Aún así era muy duro saber las mentiras y calumnias que comentaba sobre mi en las redes sociales, distintos blogs y páginas de escritura; pero no se conformaba con eso que además enviaba emails a todo aquel que quisiera escucharle.
Era muy difícil comprender porque esta persona no respetaba mi decisión de no haberme marchado con él. En el momento que tomé aquella decisión todo lo demás quedaba solo en el recuerdo. A nadie se puede obligar a estar donde no quiere y nunca se debe dilapidar a nadie por tomar su propia decisión, mucho menos con mentiras.
Por más vueltas que Sara le daba a la cabeza no lograba entenderlo. Se había retirado de todos los puntos donde solía escribir excepto de su blog. Pero incluso el blog, se estaba planteando eliminarlo e intentar llevar una vida tranquila que le permitiera descansar los años que Dios decidiera que ella debía vivir.
Se encontraba cansada de leer las continuas calumnias que este individuo escribía sobre ella.
Acaso esa era su forma de vengarse por no irse con él?
Que injusto, se dijo Sara así misma.
Ahora su madre la miraba y sonreía. Sara vio un reguero que resbalaba por sus muslos. Pensó en voz alta; señor dame fuerzas, -y se acercó a su madre para cambiarle los pañales.
 En aquel preciso instante la puerta del salón se abrió. Su hermana llegaba a pasar unos días con la familia.
Sara se quedó estupefacta. Hacia casi un año que no sabia nada de ella y ahora se presentaba sin más con una sonrisa de triunfo en el rostro. Pero que coño estoy haciendo con mi vida? Se preguntó mentalmente.






martes, 30 de agosto de 2016

El dolor de la existencia

La vieja verja repiqueteaba una y otra vez contra la puerta de entrada. No lograba acostumbrarme a ese continuo chirrido.  Mientras Laura fregaba los platos me planteaba si seria correcto hacer una visita al notario. Pero la presencia de mi madre conseguía arrastrarme al pasado y desistir de mis pensamientos. La observé durante un rato; ella estaba absorta en su serie preferida y de vez en cuando se quedaba fija con la mirada pérdida.
Al darse cuenta de mi presencia giró el rostro hacia mí y sonrió, acto seguido continuó con la vista en el televisor sin más... Odiaba esa enfermedad que la arrastraba a perderse en el olvido. Quedaba muy remoto los albores del pasado. Pienso que el tiempo es muy cruel y traicionero; por eso la vida debe ser  el presente, el resto es sólo  un resquicio perecedero de nuestro camino por la vida.



lunes, 29 de agosto de 2016

Sensaciones

Tenía una sensación balsámica: el frío atrapaba mi cuerpo al intentar dormirme de nuevo. Oscuras telarañas ensombrecían la habitación. La lucidez envolvía la noche, pero el dolor era implacable.
Como otras veces, no hice caso y me descubrí en rebeldía. Me escabullí entre mis pensamientos; un hilo de una absurda estupidez me embargó. Habría perdido el juicio?

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sábado, 30 de julio de 2016

La vida

El cansancio me invade. Soportar esta carga se me hace daca vez más difícil. Es como si tuviera un yunque sobre mis pies. Es complicado definir como me siento en un momento en el que mi cuerpo pide descanso pero mi mente se niega a parar...