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sábado, 30 de octubre de 2021

Las brujas



Oscureció con rapidez la noche de Halloween. Atranqué puertas y ventanas. Odiaba esa noche. Todos disfrazados, divirtiéndose y tocando en la puerta de las casas con su estúpido, truco o trato. 

¡No es divertido! Mi papá murió una noche de brujas, grité en mi interior. 

Desde el callejón llegaba el sonido de lo que parecía una pelea de gatos. Miré desde el ventanal, un gato negro ganaba la disputa por una raspa de pescado. Las voces y gritos de la gente alcanzaron el salón. 

Din, don... Sonó el timbre de la puerta.

Cabreada, decidí abrir y acabar cuanto antes con el dichoso juego del truquito.

Varias brujas esperaban tras la puerta. Me extrañó que no fuesen niñas, sino mujeres. Abrí molesta.

—Tengan —repliqué alargando una bolsa de gominolas.

Me miraron con una sonrisa irónica. Una de ellas levantó la mano y dijo:

"Diente de vampiro y lengua de murciélago" 

De pronto sentí la necesidad de volar como un pájaro. Volé entre las nubes hasta una oscura cueva donde una hechicera removía el caldero que contenía su pócima; y después desperté en el salón de mi casa. 

Tocaron el timbre. Supuse que me había dormido. Abrí la puerta y allí estaban las brujas con su alargado sombrero, y su tul negro cubriendo una larga falda; asiando una escoba con la mano y con una sonrisa en el rostro.

Me desmayé. 

El muerto sin cabeza



La noche de Halloween prometía ser entretenida siempre y cuando Clara no se retrasara como otros años. Había alquilado un disfraz de bruja para la fiesta de la empresa. Quería ser la más guay. Tocaron al timbre, seguro que era ella.

Abrí y Una momia esperaba en el umbral.

—¿Qué pasa, es chulo no? —refunfuñó Clara

—¿Una momia con espada en Halloween, es que no das ni una chica? Va, da igual, vámonos o llegaremos tarde.

Por las calles se oía a voz en grito:

"Está anocheciendo, cuidado con las brujas" sinceramente me sentí identificada.

Cruzamos la avenida y nos topamos con momias, esqueletos y zombis. Clara me miró con un gesto que decía:"lo ves".

A pocos metros de nuestro destino nos encontramos con un muerto sin cabeza; "truco o trato, dijo", pero la voz parecía salida de una tumba.

Su ropa ráida y desgarbada me alertó.

—Clara, esto parece más que una noche terrorífica. Sigamos. —esto último lo dije con un gesto de cabeza.

El monstruo nos impidió avanzar.

—Truco o trato —esta vez su voz era fantasmal.

Sentí pánico, Clara me agarró con fuerza del brazo asustada.

A lo lejos se oían voces cercanas, pero no lograba ver a nadie por los alrededores.

—Notas ese olor —susurró Clara.

—Lo noto. Huele a carne podrida.

—Truco o trato. —Repitió con esa voz espectral.

—No llevábamos caramelos —dije con voz entrecortada.

Levantó uno de sus repugnantes brazos y con el dedo señaló la cabeza de Clara.

—¿Quién eres, estás loco? —grité.

No sé inmutó y siguió señalando a Clara que estaba pálida y a la vez paralizada por el miedo. Recordé su espada y sin pensarlo la agarré, y le corté los brazos al monstruo sin cabeza.

Agarré a Clara y salimos corriendo, pero giré un instante la mirada; pude ver estupefacta como aquella cosa sin brazos ni cabeza se ponía de nuevo en pie. 

La triste despedida

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