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jueves, 16 de junio de 2022

La lámpara mágica




Me levanté. Frente a mi cama se encontraba una lámpara. Parecía ser mágica, porque al verla pasó algo muy extraño; oí una voz que parecía provenir del interior. Me acerqué y la limpié. El latón había perdido el brillo. La lámpara empezó a agitarse. Por un momento me asusté. Sin embargo, cuando el genio emergió de ella creí ver una gran oportunidad. Nada más lejos de la realidad. Era un malvado demonio qué una hechicera, consiguió atrapar dentro de la lámpara para toda la eternidad. ¿Cómo iba yo a saber, qué al darle lustre tan vigorosamente, anularía el hechizo? En cuanto estuvo libre se transformó en su verdadera forma; una larga cola, cuernos en la frente, enormes colmillos, cuerpo encorvado parecido a un gigantesco y enorme chivo. Alargó sus garras, me cogió del cuello y lo último que vi fue su roja

garganta.






#Soledadenlamultitud

Nuestro amor se truncó una mañana,

en tierra solitaria. 

Aquí yace mi alma,

quedó clavada en la piedra blanca;

cuya cruz de madera, señala

las heridas que dejaste en mi alma.

Sin ti no soy nada, solo un recuerdo en una roca marcada.

Lloró en silencio al alba. 

domingo, 14 de marzo de 2021

El libro Sagrado






El mago, empezó el conjuro para intentar descubrir donde estaba el libro sagrado; con su férula dominante pronto las tablillas empezaron a moverse formando un círculo en el que se podía leer claramente, la palabra inframundo. 

—No hay duda—advirtió el mago mirando seriamente al rey. —Si queréis recuperarlo y que la felicidad y armonía regrese al país, debéis apresuraros en enviar alguien de alma pura a buscarlo, o nunca regresará de ese lugar. 

El rey asintió con la cabeza y mandó llamar a su hijo. Un joven noble y de corazón puro que nunca había hecho daño a nadie, y ayudaba cuanto podía a la gente, pues decía "que el que tiene mucho debe atender al pobre".

Le encargó ir al inframundo para encontrar el libro y que regresará la armonía y prosperidad a su país. A pesar que a Jonas, hijo del rey, no le gustó la petición de su padre, la acepto por respeto. 

Llegó a la entrada del inframundo  tras 4 días de intensa jornada sin parar más que para comer.  Por el camino se encontró con un mendigo con el que compartió su pan y su queso. Este, le orientó sobre el atajo que podía coger para llegar al inframundo. Una vez allí el barquero, un hombre de carácter adusto, hosco y sombrío era el encargado de guiar las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del "río del dolor" en su barcaza, oxidada y destartalada, que avanzaba con la ayuda de una pértiga por las oscuras aguas. 

Los muertos estaban obligados a entregar al barquero un óbolo para pagar el viaje y cruzar sin problema, pero sino lo tenían, se les castigaba y vagaban errantes durante mil años hasta que el viejo barquero les perdonaba.  

Pero en esta ocasión, era un ser vivo el que deseaba cruzar. El joven le entregó dos óbolos y se subió a la barcaza. No tenía miedo, pero si respeto a los muertos. Al cruzar al otro lado demonios y difuntos se enfrascaron en una terrible lucha. El joven vislumbró el libro y se escabulló sigiloso hasta el pequeño montículo donde reposaba. En el momento que lo tubo en sus manos le esperaba la etapa más difícil; salir del inframundo. El barquero se dirigió a la barcaza, olvidándose del la batalla y del joven, y de un salto subió a la barca. Jonas, al darse cuenta de la traición del barquero, intentó correr antes de que zarpase, pero no pudo; llegó Lucifago, el ministro más sanguinario de Satánas, lo mató y se llevó el libro. Su padre murió de pena y remordimiento, y su país quedó sumido en la tristeza y la oscuridad para siempre. 


©Nuria de Espinosa 


Publicado en la web de literatura Revista Libre. Es 

Allí puedes leerlo y escucharlo. 


martes, 5 de enero de 2021

El barquero de Hades

 



El barquero de Hades, de carácter adusto, hosco y sombrío, era el encargado de guiar las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del río Aqueronte, hasta Hades en su barcaza oxidada y destartalada, avanzaba con la ayuda de una pértiga. Los muertos tenían que pagar el viaje con un óbolo; razón por la que los cadáveres se enterraban con una moneda bajo la lengua. Aquellos que no podían pagar tenían que vagar cien años por las riberas del Aqueronte, como en un purgatorio hasta que se apiadara de ellos y el Caronte accedía a llevarlos sin cobrar. Al llegar a su destino morían para toda la eternidad. 

Con frecuencia portaba las almas por​ el río, y Caronte, que era un anciano flaco y gruñón de ropajes harapientos, oscuros y con antifaz, parecía un diablo alado con un hacha que elegía a sus pasajeros entre la muchedumbre que se apilaba en la orilla del río, entre aquellos que merecían un entierro adecuado y podían pagar el viaje para cruzar, en algunas ocasiones el Caronte se enfurecia y escupia insultos a los impíos. 

Caronte dejó pasar a Heraclio, que fue a rescatar a su amada Psique, pero a causa de ello, Caronte fue encarcelado en el inframundo durante un año bajo la acusación de haberle dejado pasar sin haber obtenido el pago habitual exigido a los vivos: una rama de oro que proporcionaba la sacerdotisa  Sivila en el descenso a los Infiernos acompañado de dicha sacerdotisa. 

Poco después Orfeo encantó a Caronte para salvar a su amada Euridice y traerla devuelta al mundo de los vivos, pero ella no consiguió regresar perdiéndola directamente en el viaje de regreso. 

No encontrarás los confines 

del alma ni aun recorriendo

 todos los caminostan grande 

y profundos. 

 

Caronte, hijo de Nix, diosa de la noche, estaba dotada de una belleza abrumadora que hasta el mismo Zeus la temía. Por su parte Érebo era el dios de las sombras y la oscuridad y reinaba sobre las nieblas más profundas que rodean los confines de la tierra. .

.


Publicado en la web de literatura Letrarium.com 






jueves, 31 de diciembre de 2020

La leyenda de Crostton

 




En un pueblo lejano, llamado Crostton, se construyó una escuela que en la actualidad tenía más de 200 años. Una escuela por cuyos pupitres de madera, pasaron algunos de los seres más temibles de la época. En aquel pueblo, la gente de mirada brusca y algo tosca, cerraba a cal y canto puertas y ventanas cuando se acercaba la noche de las brujas. 

Había una leyenda sobre el pueblo; un asesino cuando llegaba la vispera de dicha festividad, mató a varios niños, entrando en sus casas, y asesinandolos brutalmente sin que nadie se percatarse, ni sus padres que esa noche iban a darle la sorpresa de haber sido escogidos para pertenecer al coro de la parroquia, con la llegada de sus abuelos que vivían en otro pueblo cercano. Algunos sospecharon de un viejo profesor, usurero y solitario que era muy huraño con los pequeños, y parecía tener antipatía a todos, pero no se pudo demostrar.

Nunca supieron quién fue en realidad; pero dicen las lenguas más ancianas que un fantasma que odiaba a los niños; aquella noche escapó del inframundo y los asesinó; siendo castigado por Dios,  por lo que llevaba más de 200 años pagando su condena en el infierno. 

¿Pero quién sabe si tal vez este año podrá volver a escapar?

lunes, 28 de diciembre de 2020

Una vida de miseria



A penas le quedaba tiempo para comer tras la larga mañana bajo la mina; su mujer, demacrada y pálida, miraba a su esposo. La miseria invadía el hogar de Alonso que a pesar de trabajar en la mina solo ganaba para mal vivir en aquella pequeña habitación. Ella miraba en silencio como su esposo se comía el único trozo de carne. La tristeza invadía su mirada; tenía hambre, mucha hambre, pero él trabajaba y necesitaba alimentarse pues era el único dinero que entraba en su mísera vida y casi todo iba para la precaria vivienda. Ana, esperaba paciente a que Alonso terminara y volviera de nuevo a la mina. Después ella se comería un mendrugo de pan, con un poco de aceite y un vaso de agua. Iría a lavar la ropa donde acudían las mujeres del pueblo y durante la laboriosa tarea se contarían sus penas y alegrías; casi siempre penas por la situación de pobreza de la mayoría de personas del pueblo, donde el único sustento era la mina de carbón. 
Ana, no se atrevía a decirle a Alonso que esperaba un hijo; pensó, que otra boca más que alimentar en aquella situación no convenía. 
Habló a escondidas con la matrona del pueblo que se negó en rotundo a darle algo para que su embarazo no siguiera adelante. Ante su negativa se atrevió a hablar con el párroco de la iglesia. Éste se puso las manos en la cabeza al oírla. 
—Madre de Dios—exclamó—tú sabes que eso es pecado mujer, incluso pensarlo. 
—Por favor, padre—suplicó Ana, no tenemos ni para nosotros, pasamos hambre y este niño igual no nacería bien a causa de la falta de alimento. Se lo ruego, ayúdeme. 
—Mira Ana—respondió pacientemente el párroco—Te prometo que os ayudaré en todo lo que pueda para que no pases tanta necesidad durante el embarazo y tu hijo nazca fuerte como un roble. 
—¿Y después qué, padre? 
—Vamos, vamos, no me agobies más. Dios proveerá. Y si él ha decidido que este crío nazca, nacerá. Vete a casa que he de hacer la misa de las 5, que por cierto no te veo mucho por aquí. 
—Padre—aludió Ana con resignación—si hay días que a penas me mantengo en pie. 
—Anda mujer, no seas exagerada. Ya hablaremos más adelante hija, adiós. 
—Adiós padre. 
Ana, salió de la iglesia hundida, estaba ya, de un par de meses y el tiempo apremiaba. Tenía que hacer algo. Bajó las escaleras de la iglesia tan abrumada con sus pensamientos que no vio acercarse a Alonso. 
—De dónde vienes Ana, te estaba buscando. He tenido un pequeño percance en la mina—al decirlo le enseñó el brazo izquierdo vendado, —tengo para 10 días.
Ana al verlo, solo se le pasó por la cabeza de qué iban a subsistir ese tiempo. Todo empezó a darle vueltas, no pudo responder a Alonso y se desmayó a los pies de la iglesia. 
Alonso asustado gritó pidiendo ayuda. El primero en salir fue el párroco que corrió escaleras a bajo. Una vecina que lo vio todo se acercó con un vaso de agua. Llevaron a Ana, a la sacristía hasta que recobró el conocimiento. Allí el frío penetraba los huesos, el padre, acostumbrado, la cubrió con un par de mantas, cogió el candil, le hizo un gesto con la cabeza a Alonso para que le siguiera. Le explicó la situación y la visita de su esposa, ya que no fue bajo confesión, si no para pedirle consejo. 
—Llévatela a casa y mañana vienes tú a verme, ella que descanse que debe reponer fuerzas, le diré a Sebastiana que os lleve un poco de caldo para la cena. 
Alonso asintió con la cabeza y tras reanimarse su esposa se fueron a su casa en silencio; sin mediar ni una sola palabra. 
Sebastiana les acercó el caldo y una hogaza de pan, además de seis patatas, un trozo de tocino y otro trozo de queso. 
—El padre Damian, mencionó que ya haréis cuentas cuando puedas volver a la mina—informó la mujer. 
Alonso le dio las gracias sin decir palabra. Sentía vergüenza de no poder alimentar a su familia. 
Ana, al ver tanta comida empezó a llorar de alegría. Tenía un hambre atroz. 
—Ana, siéntate a la mesa, yo me ocupó de poner los platos y vasos que tengo el brazo derecho perfectamente y mi hijo tiene que nacer sano como un roble. 
Fue hacia ella para ayudarla a levantarse, le secó las lágrimas y la abrazó. 
—Verás como todo se arregla. Trabajaré el doble si hace falta. A partir de hoy, no pasarás nunca más hambre, te lo prometo. 
Ella lo miró sin saber que decir con la cabeza cabizbaja por el sentimiento de culpa de lo que estuvo a punto de hacer. Se sentó en la mesa. La sopa, un caldo rancio, le supo a gloria. Después se comió un trozo de pan y un poco de queso para no gastar mucho y tener víveres para varios días. Él la miraba comer y veía la felicidad y el hambre en sus ojos. 
—Ana, —empezó—comete también un trozo de tocino, tienes que recuperarte pronto por el niño que estás muy débil y delgada. No tengas miedo, aquí nunca más faltará comida aunque tenga que ir de pueblo en pueblo pidiendo limosna. 
Ella, dudó si decir algo. Pero prefiero callar y hacer lo que su esposo decía. No quería que sufriera por su culpa por... 
—Ana, —interrumpió Alonso sus pensamientos. —Tú y lo que llevas en el vientre sois lo más importante para mí, soy feliz porque voy a ser padre y te ruego que nunca más me ocultes nada. 
Ella lo abrazo llorando. Se amaban desde que eran unos niños y después de varios años de casados Dios por fin le recompensaba con un hijo; y ella creyendo que sería una carga para él. 
Esa noche hicieron el amor con delicadeza; Alonso le susurraba al oído que ahora debían tener cuidado pues el bebé crecía en su vientre. Al poco rato de apagar su deseo sexual, quedaron dormidos abrazados. 
A la mañana siguiente escucharon gritos y carreras de gente de un lado a otro. Alonso rogó a Ana que descansara un poco más y salió a ver que sucedía. Varios mineros trabajaban en uno de los túneles más profundos y de repente un derrumbe los dejó aislados. Una cuadrilla de rescate retiraban lo más rápido posible las rocas y arena que los separaba de la zona más cercana a uno de los túneles donde el oxígeno les ayudaría a resistir pues debían salir uno a uno. 
El sufrimiento y la lucha de la cuadrilla se palpaba en su rostro; no sabían si estaban en una zona de oxígeno, o su estarían muertos. Las mujeres esperaban a la entrada de la mina y el párroco rezaba para que todos saliesen vivos. 
El pueblo estaba en una zona inhóspita, donde el clima adverso era duro de soportar. El trabajo de los mineros era durísimo, la mayoría de veces en condiciones de gran peligrosidad. Pero no había otro tipo de trabajo y a pesar de que la mayoría caían enfermos con el paso del tiempo y sus pulmones ennegrecidos por el carbón, tener ese trabajo les llevaba alimento a sus casas. 
El tiempo pasaba rápido y más gente se unía a ayudar; las mujeres llevaban café y los mineros que el derrumbe pilló fuera, ayudaban también. Después de 6 horas, lograron llegar hasta ellos; tuvieron suficiente oxígeno para aguantar, excepto Raúl, un minero que llevaba muchos años en la mina y su corazón no resistió el derrumbe. La noticia sumió a todos en un silencio absoluto. Unos a otros se miraban, pensando que le podía haber pasado a cualquiera de ellos, pero Raúl que perdió a su esposa 1 año atrás, dejó de ser el mismo y en ocasiones se quedaba el último para salir, como si esperase un desenlace así. Todos pensaron que murió donde quería morir, no pudo tener hijos y no soportaba la soledad. El entierro fue triste y silencioso, la única curiosidad es que Raúl estaba cubriendo la vacante de Alonso. 

Después del entierro y la tristeza que reinaba en el pueblo minero donde el sacrificio por las duras condiciones de vida y laborales eran diarias, Alonso acudió a la iglesia tal y como le pidió el padre Juan, que así se llamaba. 
El párroco empezó diciéndole que ya se hacía mayor y necesitaba ayuda en la iglesia y en su casa. Alonso, oía con curiosidad sin saber a donde quería llegar el padre Juan. 
—Cómo te digo—prosiguió—mi intención es que Ana y tu os trasladéis a mi casa, que Ana se ocupe de la limpieza y la comida igual que en su casa, y tú me ayudes en el huerto, a preparar las misas, tocar la campana cuando sea necesario y mantener la parroquia y la casa arreglando las cosillas que vayan saliendo. Cobrarás el jornal igual que el que tenías, pero aquí no tendrás que pagar vivienda y tendréis hasta una habitación cuando el niño crezca para él. Y por supuesto la comida no faltará. 
—Pero padre, ¿por qué yo? 
—Porque eres demasiado bueno; arreglas ventanas a vecinos, a otros les cubres el tiempo si llegan un poco tarde a la mina, incluso a veces compartes tu almuerzo, y tu y Ana os merecéis salir de esa fría y húmeda habitación que nada le conviene al bebé que ya está en camino. 
—Padre, yo... —no pudo acabar y rompió a llorar como un crío, pero de felicidad. 
—Y por supuesto el día que yo falte seguiréis igual en la casa y el trabajo, ya le he dicho al Benancio que redacte el escrito para que lo lleve al registro. Vamos anda, a ver si esta tarde ya os habéis mudado. 
Quiso decir una palabras de agradecimiento, pero el párroco se lo impidió. 
Durante el trayecto a su casa iba pletórico. Por fin nunca más pasarían hambre ni frio, y con lo bien que cocinaba Ana, el padre estaría contento con la decisión tomada. 
Ana, estaba haciendo la cama cuando entró en la habitación. No pudo evitarlo; se abrazó a ella llorando. Ella asustada le preguntó. 
—¿Qué sucede cariño, porque lloras, no te habrán echado de la mina? —al decir esto último palideció. 
Alonso, entre llanto y risas de felicidad le contó todo lo que él párroco le había propuesto. 
—Ya tenemos casa Ana, nuestro hijo vivirá sin pasar hambre. 
Ella sonrió y lloró con él. Su agonía a causa de su embarazo había terminado. Ya no se iba a preocupar. 
Llevaron lo poco que tenían en dos sacas y se instalaron en casa del párroco, que a pesar de ser pequeña a ellos les parecía un palacio. Aquella noche, cenaron como reyes; patatas con huevo que Ana hizo con una salsita y que encantó al párroco, pues rebañó el plato con el pan. 
Luego le explico lo que debía hacer al día siguiente y se marchó a dormir. La cama de su habitación tenía un mullido colchón y unas mantas que calentaba el cuerpo como nunca habían estado. Se sentían afortunados. 
Ana lució su incipiente barriga con orgullo hasta que nació Juan. Su nombre fue un homenaje al párroco por lo bueno que fue con ellos, que al enterarse le hizo muy feliz. 
Su bebé, crecía rápidamente, hermoso y sano como un roble. A sus ocho años  Ana le conto la miseria que pasaron y como el párroco al que llamaba abuelo, les había salvado de una vida precaria llena de miseria y sufrimiento, con la intención de que su hijo entendiese el valor de las cosas y la gratitud y bondad que hay que tener hacia quienes tienen menos que los demás.



lunes, 7 de diciembre de 2020

La ronda

 




#Relato 

Su actitud cerril, lo hizo estar en paro.Hacía la ronda por las Itt y nada.Hania truncado su vida, por ponerse como una foca. No era capaz de darle a una pelota. Se dirigió al baúl del altillo; olía a alcanfor, le era desagradable. Cogió las pesas y empezó su ejércicio.



#microcuento 
Cada día la ronda por las casa era fijo, puse alcanfor en el baúl de Pedro, olía fatal; como cerril no hacía caso. Volví a la cocina, recordé que Pedro había truncado las fiestas de navidad. Me miré al espejo; qué foca; deseé ser niña, jugar a la pelota y no volver.


#microcuento
Caminaba por un #Aislado y #cuidado parque cuando vi un #andrajoso dormido en un banco. Disruptivo dio un salto de golpe y con una #rotación de piernas se quedó de pie. Cogió su #estopa y siguió su camino. Mi tía me dio un empujón para que siguiera mi camino.


#microrrelato #SocioEscritos

¿Porqué piensas que voy a estar siempre pendiente de ti? Eres una persona orgullosa y celosa que sólo piensa en sí mismo y no sabe responder a los amigos. Me cansé, me cansé, de que me busques cuando te interesa por propio interés. No, así no soy yo. 

domingo, 29 de noviembre de 2020

El Regalo


Egocéntrica, me enamoré sin esperarlo; sentía admiración por él. Estaba en el estudio; abrí el estuche que Esteban me regaló. Una diminuta etiqueta se coló por debajo de la espuma; tiré de ella y enmudeci.

 ¡El anillo le costó 50 euros!

Escapé de él.

Respuesta de @Doobeh_C 

Hay amores 

que tienen muchos destinos;

uno de tantos es huir

y estas letras 

llegaron

repletas de 

emoción;

lágrimas 

que ya secaron

pero valió la pena rodarlas

y se largaron justo a tiempo.


¡Gracias por el aporte! 

Una luz En el silencio

  CONVOCATORIA JUEVERA POPURRÍ  "La propuesta de Mónica esta semana es hacer un POPURRÍ de expresiones para que, con algunas o todas la...