A MODO DE WESTERN
Mónica, la anfitriona esta semana, nos hace este interesante propuesta. Para más información pasar por su blog Neogéminis
El sol caía a plomo como un martillo de herrero sobre el lomo del desierto. El forastero avanzaba casi sin aliento, con las botas cargadas de polvo y fatiga, pesadas como un yunque maldito. El sudor, salado y traicionero, le resbalaba por la frente y le nublaba los ojos.
Se detuvo, escupió a un lado y murmuró:
—Maldita sea, este calor podría freír un bistec sin necesidad de fuego.
A lo lejos, entre las ondas temblorosas del aire, creyó ver la silueta de un pueblo: un campanario torcido, una cantina con puertas de vaivén, quizá hasta un pozo con agua fresca. Se pasó el dorso de la mano por la cara y gruñó:
—O es salvación… o es otro de esos malditos espejismos que se burlan de un hombre sediento.
Siguió caminando, arrastrando las espuelas que tintineaban como campanillas de funeral. El viento levantó un remolino de arena y, por un segundo, le pareció oír una voz.
—Oiga, amigo —dijo una sombra que resultó ser un viejo vaquero apoyado en su caballo flaco—, ¿va usted hacia San Polvo Seco?
—Si allí hay agua, voy hasta al infierno pasando por ese sitio —respondió el forastero.
El viejo soltó una carcajada ronca.
—Pues entonces va bien encaminado, porque en San Polvo Seco no hay más que whisky malo, cartas marcadas y calor del demonio.
El forastero sonrió con los labios cuarteados.
—Con que haya una cantina y alguien que no dispare a la primera de cambio, me conformo.


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