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viernes, 16 de enero de 2026

Esa extraña añoranza






 He subido las escaleras de la nostalgia, dejando mis huellas que son huéspedes inertes. Hay escasez de golondrinas, pero la tierra huele a primavera, impregnada de un viento que no cesa aunque siempre llega. Las palabras son esenciales en ocasiones, sobre todo en las que el silencio quiere sobrevivir. Percibo el aroma de la flor del cerezo y me obliga a sonreír. ¡Qué extraña me siento!

El tiempo no tiene prisa, permanece inmune dentro y fuera; todo lo rodea, lo domina. Es como si el pérfido tiempo se hubiera aliado con el duende del ronco péndulo cuyo malvado tic-tac, destapa sus servicios. La melancólica música de mis pensamientos persiste en la nostalgia que enmudece mi pesar. Es como una historia sin fin que aleja mis propios fantasmas.

La complejidad de mis demonios sigue marcada por el destino y su mandato empeñado en liberarme de mis cavilaciones. En este momento me siento eclipsada hacia un universo tan extenso como oscuro. Mi voz impacta contra las paredes de la habitación, golpeando el indigno silencio. Qué poderosa intensidad tiene la añoranza. A veces tengo la sensación de que mi pluma se seca, pero se evapora tan rápido como el conjunto de mis letras.

Y ahora, que viajo al pasado donde veo las secuencias y consecuencias de un tiempo tan experto como inexorable, aprendí de la vida a tortazos para no olvidar, pero sí me enseñó que debía aceptar sus imposiciones. Imagino que coordinar mi larguísima colección de pensamientos es como poco irrelevante; percibo cierta complejidad en los colores, y predominan el rojo y amarillo. Por eso en este instante en el que busco descubrir la paz de mi alma, debo serenar mi mente y oír mi voz, porque ni la añoranza ni la melancolía son amargas: como decía Salomón; "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él emana vida".


Esta semana el reto de Our Midweek Muse es: "AZUL Y AMARILLO"










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