JUEVEANDO CON EL AMOR
Está semana Tracy anfitriona la convocatoria juevera con un tema muy candente por su cercanía con San Valentín. Comparto la frase que me ha tocado para participar y 👉 AQUÍ más información.
"El amor por no tener geografía, no conoce límites. De (Truman Capote)"
Existen sentimientos que crecen en silencio, como raíces que avanzan bajo la tierra sin pedir permiso. Si tuviera que elegir, pensó...
Inés miraba a través del cristal de la ventana cómo la lluvia caía persistente, traspasando la tierra del jardín hasta empaparlo todo, incluso las raíces del manzano que resistían al paso de los años. Cada gota parecía arrastrar consigo un recuerdo, una duda, una certeza que se deshacía al tocar el suelo. Reprimió sus pensamientos más racionales, esos que siempre había cultivado con disciplina, ante la negativa obstinada de su corazón, que latía al margen de toda lógica.
El amor había germinado imbatible, silencioso, devorando sin permiso la educación que le enseñaron a medir distancias, a calcular consecuencias, a no entregarse sin garantías. Había crecido como una enredadera salvaje, ocupando su mente y alterando su cuerpo, el orden de sus días y la serenidad de sus noches; colándose en los silencios y habitando incluso en la ausencia.
—Si no hubiese aceptado aquella maldita reunión —murmuró para sus adentros, con una mezcla de reproche y rabia.
Recordaba el instante exacto en que todo cambió: una mirada sostenida más de lo debido, una palabra dicha con descuido, el temblor leve en las manos al despedirse. Desde entonces, se sentía prisionera de sus propios sentimientos, cautiva de una emoción que no pedía permiso ni ofrecía salida. Porque el amor, al no tener geografía, no conoce límites. No entiende de mapas ni fronteras, atraviesa montañas y océanos, y desafía horarios y voluntades.
Pensaba que bastaría con cerrar los ojos para escapar, pero incluso en la oscuridad él se mantenía presente, y sus pensamientos regresaban siempre al mismo punto, como la lluvia al jardín: inevitable, y profundamente viva, porque el amor no conoce límites ni distancias, ni tampoco pide permiso, simplemente llega y se instala como una herida que nunca se cierra.


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