Convocatoria de los jueves; "Un personaje que no sabe que es especial".
Propuesta de la compañera Campirela anfitriona esta semana.
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"Te propongo un relato donde ella/el protagonista sea alguien completamente normal… o eso cree.
Puede ser divertido, emotivo, mágico, cotidiano o una mezcla de todo.
Lo importante es que, en algún momento, el personaje descubra —o el lector intuya— que tiene algo especial, aunque él o ella aún no lo sepa.
Pasarlo bien, compartir historias y ver cómo una misma idea puede transformarse en mil mundos distintos.
Aquí no buscamos perfección, buscamos imaginación, corazón y ganas de disfrutar.
Extensión, ya sabéis, procurar no excederse de más de 350 palabras
Cualquier género es válido: humor, aventura, fantasía, romance, misterio..."
Siempre creyó que era transparente. En la oficina nadie recordaba su voz; en casa, el reloj parecía hablar más alto que ella. Caminaba por las calles con la sensación de no dejar huella, como si el viento borrara sus pasos antes de que tocaran el suelo.
Una tarde, al cruzar el parque, vio a un niño llorando frente a un globo desinflado. Nadie se detenía. Ella se detuvo. Se agachó, escuchó el relato entrecortado del pequeño —una pérdida mínima, un mundo derrumbado— y, sin saber cómo, encontró las palabras exactas y el niño dejó de llorar.
Aquello se repitió. La vecina del tercero, que no salía desde hacía semanas, abrió la puerta tras cinco minutos de conversación apoyada en el quicio. El panadero, hosco y silencioso, terminó confesándole que escribía poemas de madrugada. Ella escuchaba y las personas, como si alguien hubiese girado una llave, empezaban a respirar mejor.
Ella pensaba que era casualidad. Que solo estaba allí en el momento oportuno.
Pero una noche, al mirarse en el espejo, descubrió algo extraño: no era invisible. Era como un espejo. Devolvía a los demás una versión más nítida de sí mismos. Sin proponérselo, revelaba verdades e inquietudes.
Aún no sabe nombrarlo. Cree que solo presta atención. Ignora que esa forma de mirar —limpia, sin juicio— es un don raro. Y que ella posee la fuerza secreta de quien sabe escuchar y, al hacerlo, transforma.


Todos tenemos dones que descubrimos a través de la mirada de los demás. Me ha encantado tu relato.
ResponderEliminarUn beso dulce, Nuria y que estés bien.
Gracias, NURIA.
ResponderEliminarQué ternura de relato, esa niña invisible que con su tímida voz no solo alegra a quien la oye, sino que presta atención. A veces ser invisible no es tan malo, y menos cuando se sabe escuchar, cosa importante cuando a todos nos gusta hablar.
Un mensaje muy bonito: demos paso paso al sonido que emiten los demás.
Un besazo con todo cariño , feliz semana.
Que regalo mas bonito es dar tiempo y prestar atención, Una historia preciosa que ilusiona y anima a dedicar tiempo a los demás. Un abrazo
ResponderEliminarQuè bo es saber escoltar!... i avui dia, hi ha poca gent que en sàpiga.
ResponderEliminarUn relat genial.
Aferradetes, Núria.
el/la protagonista de tu relato me recuerda a la niña momo del escritor michael ende, que sabía escuchar a los demás y sacar lo mejor de cada uno. no se encuentran fácilmente personas así.
ResponderEliminarabrazos, nuria!!
Lindo relato una mirada sincera y compresiva es un regalo. Te mando un beso.
ResponderEliminarOutro post muito interessante.
ResponderEliminarNova tirinha publicada. 😺
Abraços 🐾 Garfield Tirinhas Oficial.
Sí que tiene un don, sí...
ResponderEliminarLos demás nos estamos volviendo invisibles.
Que lindo e isso realmente acontece! Precisamos reconhecer esse lindo dom e espelhar momentos de alegrias. beijos, tudo de bom,chica
ResponderEliminarA veces cuesta mucho escuchar cuando no se siente recíproco, quién la escuchaba a ella? Cafelito, compi.
ResponderEliminarEl don de escuchar, es un don inmenso... es un gran poder que acompaña. (Por favor... esa bolisa montada en una mariposaaaa, me encanta, la voy a guardar) Bss
ResponderEliminarAcabo de dejar el comentario como anónimo... ;S
ResponderEliminarOír y no escuchar pudiera ir emparejado con otra gran cualidad de nuestra raza como la de mirar sin ver. Creo que cada vez son menos los que ven y escuchan.
ResponderEliminarMe ha encantado. Pero si que hay personas así.
ResponderEliminarSalud.
Bus car leer entre lineas, descubrir lo importante, actuar como quieres que actúen
ResponderEliminarHay gente con ese don especial que sabe usar la palabra y sabe escuchar y eso es maravilloso, porque le da al otro de alguna manera un abrazo al alma y con el alma y muchas veces sin saberlo.
ResponderEliminarMe gustó mucho tu historia y la sensibilidad que encierra.
Un abrazo grande
PATRICIA F.
Me parecio tan bonita la imagen como el texto, que se lo acabo de leer a mi nieta de 8 años, para que sepa lo importante que es dar siempre las gracias y mencionar a las personas que nos ayudan lo especial que son...a las personas que nos escuchan y nos dicen comentarios bonitos de lo que hacemos, aquellas que se toman parte de su tiempo para hacernos sentir mejor...gracias por tu relato...bsss
ResponderEliminarQuerida amiga, Nuria!
ResponderEliminarQue lindo texto. Olhar para o outro, ouvir o outro, importar-se com o outro. Muito mais do que dons, são virtudes e aprendizagens. São "artes" apreendidas pelo intelecto e amparadas pela vontade firme e segura de fazer o bem.
Bjssssssss, marli.
Un relato precioso. Parece como si esa chica fuera una terapeuta para curar las heridas del alma...He conocido a gente así.
ResponderEliminarUn saludo. Hace unos días que no entro al blog. Perdona por la tardanza.
Un saludo
Hola Nuria,
ResponderEliminarA veces saber escuchar es un don. El hecho de sólo escuchar hasta el final sin interrumpir invita a que las personas se abran, que sean más pausados al expresarse, que no quieran decir muy deprisa lo que sienten y sean más propensos a hacerse amigos. Me ha gustado mucho tu relato.
Un saludo.
Desde luego saber escuchar es un don, difícil de encontrar en la sociedad actual. No nos queda tiempo para eso y sin embargo es tan sanadora está práctica, que debería Mos aplicarla más para ayudar a nuestros semejantes.
ResponderEliminarUn abrazo
Saber escuchar sin juzgar a dia de hoy es uno de los dones mas preciados. Y sin personalizarlo todo, ya es de ciencia ficción me temo.
ResponderEliminarUn besazo!
Sin lugar a dudas, saber a escuchar es un don más bien raro, y cada vez más difícil de encontrar.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Assim como aquele que sabe conversar com as flores, os bichos da mata e desta faz poesia. Há quem tem o dom de ouvir e assim resgatar sentimentos e emoções ocultas. A personagem sem saber era este ouvido, este ombro que as pessoas careciam.
ResponderEliminarBela historia Núria com criatividade.
Meu abraço e feliz março de renovadas esperanças.