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jueves, 23 de febrero de 2012

En el último momento

Empecé a notar como el pulso me golpeaba las venas, cada vez con más insistencia. Tuve la extraña sensación de que el techo se me venía encima y me agarré a la barandilla de la cama asustado.

¡Te estás muriendo! ¡Te estás muriendo! Gritaba mi corazón que latía a un ritmo frenético. Intenté levantarme pero algo me lo impedía.


El aire empezaba a faltarme en los pulmones y un sudor frio comenzó a cubrirme el rostro.

¡No, no estoy enfermo! Sólo he tenido un mareo – replicaba mi mente con insistencia-.

Y en aquel momento le vi. Frente a mi cama, con su túnica negra y el rostro vacio de toda expresión. Entonces un extraño sonido… pit… pit… piiiiii…

De pronto una luz cegadora iluminó mi cara. Era inquietante y a la vez reconfortante. Alargué la mano intentando tocarla, sintiendo una peculiar atracción. Y de nuevo ese sonido, piiiiii………..

-Señor Fernández, quiere hacer el favor de no tocar los botones del monitor. Parece mentira. Todas las noches el mismo jueguecito. Algún día no llegaré a tiempo y ya verá, ya.