Café Vienés donde se reunían los intelectuales de la época y sus tertulias tomaron una gran relevancia.
Cada noche, al cerrar los ojos, se sumergía en un mar de sueños, donde las palabras que habitaban en su mundo onírico cobraban vida y lo transportaban a lugares lejanos; allí el amor danzaba en el aire como mariposas de colores. En esos sueños, sentía la verdadera libertad, alejado de la responsabilidad que pesaba sobre sus hombros, donde no había lugar para la rebelión, ni la protesta, ni el lamento. Atrás quedaba la atareada tertulia en el Café Vienés. Ahora, cuando su delgado cuerpo descansaba sobre el colchón, era su momento, un momento que nadie le podía impedir soñar.
Porque en sus sueños, era como un pájaro libre, que vuela por encima de las montañas y los valles, acariciando el viento con su rostro, recorriendo paisajes llenos de colores vibrantes, mientras sus versos fluían con intensidad. Sus ilusiones se tornaban fugaces, pero intensas, y le hacían despertar cada mañana con una sensación de júbilo en el corazón.
Salvador continuó su recorrido por los senderos oníricos, explorando los horizontes y descubriendo belleza en cada rincón de su imaginación. Puesto que para él, los sueños eran mucho más que simples quimeras nocturnas, eran la fuente de su inspiración y la llave que abría las puertas hacia un mundo de posibilidades infinitas para alcanzar una serenidad solo posible con la plena aceptación de la muerte. Porque al despertar de sus sueños volvía la elegía al recordar y evocar, el presente de las cosas perdidas.
Así fue como entré en mi fase ram del sueño, mientras el libro de poemas se resbalaba entre mis dedos. Y entonces le vi, ahí sentado frente a mi cama y en mi asombro le pregunté sobre el sentido de la existencia, la trascendencia del ser humano y el papel que cada individuo juega en el universo. Y respondió con una expresión en el rostro tan seria que sentí escalofríos.
—La existencia humana es un misterio profundo y complejo, lleno de significado y propósito. Cada individuo tiene un papel único en el universo, ya que todos estamos interconectados y somos parte de un todo más grande. La trascendencia del ser humano radica en su capacidad para elevarse por encima de las limitaciones físicas y buscar la verdad y la sabiduría en su vida.
—Pero no logro entender tu visión de la vida.
—Cada persona tiene la oportunidad de impactar positivamente en el mundo a su alrededor y contribuir. Es importante buscar el equilibrio entre la introspección personal y la conexión con los demás, para así encontrar nuestro lugar en el universo y cumplir con nuestro propósito en la vida.
Y de la misma forma que le vi se evaporó entre mis sueños. Al despertar, recordé el sueño y no pude evitar que estos versos despertaran en mi mente:
«Y danzó la muerte
cómo una despedida
al final del laberinto
de la vida.
Fui náufrago
sin noche ni otoño
como un retoño
que recoge el madroño.
Y veo pasar el viento
en mi silencio,
donde mi sueño
es imperecedero.
Y aquí entre los árboles
queda mi propio mundo
y el gélido cementerio».
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