Tuve que tomar decisiones,
sin saber muy bien las razones,
ni el porqué de los pormenores.
—Ya no siento las mariposas—
Esta es la algarabía de mi vida,
dar la vara y no ver la salida.
¡Ay! Que ya veo la tablilla,
con su punzón ya clama y chilla:
No seas necia, olvida,
y agarra el cartucho de tu vida.
Qué pícaro el rosal y sus espinas,
clavándose en tus costillas.
Y es que no hay tiempo en el madrigal,
porque nadie quiere escuchar,
pues no hay lumbre en el lugar.
Y llega el lucero que me despierta
con su nana a cuestas;
ea, ea, ea, cruje la espiga sobre la era.
Ea, ea, ea, suena la nana
en el rocío que alumbra al alba;
y queda la niña pura y casta,
sobre una alborada,
que ya no canta.
