En el campo de la vida una tela teje con lazos de seda,
la suma de pequeños esfuerzos que se unen cada día.
Parece una moneda que tiene dos caras cuyo aspecto no ves, pero queda en la cima del mundo cuya belleza se explora con el corazón.
Los suspiros se confunden en el mar de los lamentos que desembocan en un río lento.
Es el sueño del poeta que muere en su duelo y perdura en sus versos.
Despierta el aroma que acuna la oscuridad,
y se despereza con el viento de otoño en el trino que canta eterno.
Para qué huir en la alborada si tras la noche, viene a verme la luz del alba,
y descubro el caos que destapa el instante efímero,
que despierta la ataraxia de una realidad, ¡ya! Encontrada.

