Para que sirven los recovecos
del alma,
sino para ocultar tus heridas,
y es que el mundo es aciago.
Que absurdo cruzar el umbral
saber que puede haber otro
camino, que no lo vas a cruzar.
El tiempo se pone celoso
arruga las prisas y acaricia
el vigoroso silencio donde
el olvido es la ausencia de
recuerdos.
Las horas deshielan las sombras
murmura el viento languido
hilacha sueños desérticos
en el resplandor del vértigo.
Las horas deshielan las sombras
murmura el lánguido viento
que hilacha sueños desérticos
en el resplandor del vértigo.
Y [...]
mueren las horas oscuras
en la imparable entereza.
¡Qué sibilina la vida!

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