Convocatoria abierta hasta el 9 de febrero a la medianoche (hora de España peninsular).
Convierte a un personaje de algún cuento clásico en alguien totalmente distinto a quien era en la versión original del autor. Por ejemplo: un villano hecho héroe o al revés.
Esta vez te puedes explayar más. Tienes un máximo de 500 palabras (para el formato relato) y un máximo de 40 versos (para poesía).
Más información 👉 AQUÍ en el blog de Rebeca la organizadora.
En un pequeño valle protegido por la arboleda, vivían siete cabritillas bajo la tutela de su madre. Cada mañana, antes de partir al monte, repetía su letanía de cautela: no abrir a desconocidos, no fiarse de voces fingidas, ni extraños.
Aquel día, sin embargo, quien se acercó a la cabaña no fue ningún desconocido, sino el lobo del bosque, viejo, dolorido, cojo y cubierto de cicatrices. Sus ojos, en otros tiempos fueron brasas de un fuego aterrador, ahora, eran charcos de triste melancolía. No traía hambre, sino presagios, advertencias.
Golpeó la puerta con el nudillo de una pata y habló con voz grave, pero limpia:
—Pequeñas, huid. Un monstruo viscoso y sin forma ronda por el valle. No es carne lo que busca, sino inocencia.
Las cabritillas, temblorosas, dudaron. El nombre del lobo aún sonaba entre los avisos maternos por el terror de sus fauces. Pero su tono parecía distinto, no era de engaño, sino de vigilia. Aun así, no abrieron.
Desde el matorral emergió entonces una figura oscura: una neblina con ojos, una sombra que tomaba forma de niebla y humo, un ser de palabras dulces y tibias. Era el verdadero peligro: el monstruo del susurro, entidad que se alimentaba de confianza y se colaba por rendijas del alma.
El lobo, erguido pese al dolor de sus huesos, se interpuso entre la cabaña y aquella bruma parlante. Gruñó, no con ferocidad amenazante, sino como un quejido del alma. El aire dolido vibró. El susurro de la sombra se deshizo, deshilachado como humo entre el viento.
Cuando la madre cabra regresó, encontró al lobo recostado, exhausto, guardián improbable de su hogar. Él no pidió gratitud; solo se alejó, arrastrando el peso de los años entre los pinos, observado de cerca por el flautista de Hamelin, que llevaba de la mano al pequeño Superman.



Este cuento veo en su lectura, que a veces nuestra peor enemigo puede tener su momento de bondaz y salvarnos de un peligro mayor que de él mismo.
ResponderEliminarAhora ese final es chispeante, que mejor, que música y aventuras.
Un besote y otro giro en un cuento precioso.
El monstruo de los susurros, de palabras dulces, no soy yo eh :) Los temores de antes toman otra forma en tu relato muy bien logrado.
ResponderEliminarUn beso dulce.
Ofuu...me has dejado to loco con el final. ¿Qué hapasado aparte de la defensa lobuna? Entiendo que el desvanecimiento de la bruma ha dejado libre al superan juvenil, sie dasa su edad aún era Inocente y confiado.
ResponderEliminarMe ha encantado esta frase de que la bruma se alimentaba de la confianza.
Abrazooo
Un texto encantador, lleno de ternura y simbolismo 🐐✨
ResponderEliminarLa narración fluye con sencillez y calidez, recuperando ese sabor de los cuentos de siempre, los que parecen simples pero guardan lecciones profundas. Hay inocencia, cuidado y una mirada muy humana sobre el miedo, la protección y el aprendizaje. Me ha gustado mucho cómo conectas lo infantil con lo esencial.
Un placer leerte.
Daniela Silva
alma-leveblog.blogspot.com
el cuento de la cabra y los siete cabritos me lo contaba mi madre. hoy tú nos has dado una nueva visión, en la que el lobo nos muestra un lado bondadoso y vulnerable, aunque no del todo comprendido...
ResponderEliminarabrazos, nuria!!
No parecía que siguiera ese rumbo y has conseguido darle la vuelta y terminar de un mogo genial. Un abrazo
ResponderEliminarDivertido cuento me gusto tu versión. Te mando un beso.
ResponderEliminarM'imagino que és un conte d'ara, perquè els que me contaven a mi, no eren així ni de bon tros. ;-)
ResponderEliminarAferradetes.
No śe explicarlo y gustándome como me gusta escribir, debería poder encontrar las palabras, pero siempre me quedan cortas: leerte es como viajar a mundos de bosques con hadas y arcoiris permanentes.
ResponderEliminarTus relatos siempre tienen una delicadeza que arropa el alma. Por supuesto tu versión del cuento de Los siete cabritillos lo vuelve a demostrar.
Supongo que ha sido por una cuestión de límite de palabras, pero me quedo con ganas de saber qué o quién era realmente esa bruma y sobre todo ese Superman adolescente (este elemento quizá es el que más me ha hecho pensar: necesito que esta historia continúe, por favor).
P.D1: me ha dado mucha pena que el lobo que tanto se esfuerza por proteger a los pequeños cabritillos simplemente se marche, como si no hubiera pasado nada.
P.D2: hacía tiempo que no me pasaba por tu rincón y me ha sorprendido para bien, descubrir que te decidiste a usar una de las cabeceras. ¡Cómo me alegro!
P.D3: me ha encantado la personficación de muchos personajes secundarios que pasan desapercibidos: la niebla, "el aire dolido". Por otra parte, las descripciones que haces del lobo son impecables, de verdad.
Sea como sea, aunque no soy quién para proponer mejoras de estilo, ya que has puesto el banner, me atrevo a sugerirte mejoras "estéticas más que otra cosa", y que nada tienen que ver con el estilo como tal, como por ejemplo: la separación de los dos últimos párrafos (supongo que no te diste cuenta al publicar el relato).
Ya digo que es más que nada, por comentar algo, puesto que has dado el paso de incorporar el banner en tu texto.
Los lobos a veces son incomprendidos, este solo buscaba mantener el equilibrio que hasta el propio Hamelin quería romper.
ResponderEliminarUn besazo!
Una neblina que captura la inocencia, bien por el lobo, pero estoy seguro esos rumores siempre vuelven a atacar, algun dia una de las crias finalmente sucumbira.
ResponderEliminarbuena narrativa que cumple con la inversion de roles, dandonos al lobo como un heroe, aunque viejo y maltratado
me encanto