Miré a través de la ventana.
Que calma, ni un solo ruido, era extraño. Escuché algo ¿Qué... ? Puse más atención.
¡No puede ser! ¡Si es mi corazón!
Qué late con fuerza. Vi una luz.
¡Estaba soñando!
Me alegró despertar. Y sonreí de felicidad.
Bajé las escaleras en plena oscuridad, no tenía miedo mi corazón estaba en calma. Esa noche me senté en la biblioteca y me puse a leer "Don Quijote de la Mancha" curioso hidalgo que enseguida me enganchó con sus andanzas, molinos, gigantes y su leal servidor; Sancho Panza

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