Palabras: Cuatro, ahora y para.
Cuando nos reunimos los cuatro, alguien dijo que había llegado el momento de madurar.
El primero abrió una cerveza.
El segundo buscó música triste para parecer profundo.
El tercero empezó a hablar de inversiones, aunque debía dinero desde 2019.
Yo miré el reloj y pregunté qué íbamos a hacer ahora.
Hubo un silencio profundo, casi histórico. Después, decidimos pedir comida basura «solo por hoy», criticar a la gente irresponsable y prometer que el lunes empezaríamos una vida nueva.
El lunes llegó puntual.
Nosotros no.
Y quedó para siempre nuestra brillante revolución personal: aplazada hasta nuevo aviso.

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