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jueves, 24 de septiembre de 2020

El crepúsculo cobrizo


 
Besas la blancura que bordea mi alma bajo la barcaza banal del burbujeo de las burbujas en el agua, que burlan el amor de los desamparados y bosteza benévolo dando sus besos desde el amor. 

La brisa blindará la belleza de la rosa roja que barniza el color del amor.

El crepúsculo cobrizo llenará las horas en que avance el reloj que guarda los días en un mugriento cajón. 

Tras la frondosa arboleda las hadas danzan bajo el manto de estrellas que cubre el cielo con tinta negra y a veces de color. 

Soy el sendero bravio que atajó por la vereda del romance impresionista, bajo el lienzo barroco y basto que el pincel dibujó. 

Fui princesa dormida por una manzana podrida que mi madrastra me dio... Y triste yacía esperando un beso de amor. Llegó pronto un joven, príncipe de condición, que al verme enamorado quedó. Suplicó que lo dejasen darme un solo beso y lo consiguió; pues tras el beso desperté. 
La felicidad entró en el reino, que de nuevo floreció y llegaron los retoños con sus llantos y alegrías, la felicidad se instaló en un reino gobernado a base de amor. 

Y por siempre bailemos bajo la brillante bóveda de estrellas. 

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