A veces intenté recorrer caminos
que parecían lejanos, guardados
en un castillo de cristal,
donde el espejismo de los años
deseaba quererlo resquebrajar.
Pero llegó la noche y tras ella
un nuevo amanecer,
donde los poemas me alimentaban
y daban paso a nuevas letras.
Y cojia una pluma y un papel
y mi fantasía empezaba a florecer.
Abrace el poder de la fuerza
aquella que te da alas y vuelas,
esa fuerza que logra que el color
gris, se vuelva blanco de calma
y paz; llegó la felicidad.

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