Picaporte de la Casa del Ardiaca (1490-1510)
Dicen que el picaporte de la puerta de la Casa del Ardiaca tiene memoria. No de hierro, claro, sino de cotilla.
Una mañana decidió protestar.
—¡Basta! —crujió—. Llevo siglos oyendo secretos: turistas que juran saber latín, poetas que buscan inspiración y uno que intentó entrar preguntando por el Wi-Fi del siglo XV.
Ese día, cuando un visitante tiró de él, el picaporte no abrió.
Primero suspiró…
Luego carraspeó…
Y finalmente habló:
—Si vas a entrar, al menos trae una historia mejor que la mía. Llevo quinientos años esperando una que me haga reír.

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