A veces pienso en el Cielo y en mi luz interior,
en misterios que guían sin explicación,
en manos invisibles que dan salvación,
y en la paz que llega desde el corazón.
Cada suspiro es un hilo que une la verdad,
un puente entre el tiempo y la eternidad;
y aunque la sombra asome su crueldad,
el alma siempre guarda su paz.
A veces pienso en lo vivido,
en la memoria temprana:
en un gesto, una mirada,
que el tiempo fue borrando, resignado.
A veces pienso… en aquel camino,
donde éramos viento y destino;
pero la tarde cae sobre el olvido,
y el corazón escucha lo vivido.
En cada gota crece el espíritu y el tiempo lo reescribe,
cómo un hilo que une lo sagrado con lo inmortal;
y aunque el viento agite y la pena persiste,
la corriente sigue con su ritmo vital.


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