Autora Inma Aguilera
Editorial B
Publicación 2025
Edición 1
Idioma Español
Impresión 576 páginas
Tapa dura
Peso del producto 862 g
Sinopsis
Una mujer marcada por los recuerdos.
Sevilla, 1911. Han pasado nueve años desde que Trinidad viajó a la ciudad para descubrir la historia de su familia, ligada a las míticas vajillas de La Cartuja. Instalada de nuevo en Inglaterra y volcada en su labor como ceramista, recibe una carta de la marquesa de Pickman, la propietaria de la fábrica de loza, que la hará regresar al lugar que marcó su vida.
Un desafío artístico irresistible
La propuesta es participar en el gran proyecto que hará brillar la ciudad como nunca: la construcción de la plaza de España, donde deberá trabajar mano a mano con el ambicioso arquitecto Aníbal González. Este enorme desafío artístico llevará a Trinidad desde las aristocráticas fiestas en el palacio del Real Alcázar hasta los humildes talleres de Triana, haciendo que su destino se vea zarandeado por la lucha de clases y el amor de dos hombres.
Opinión
La novela La pintora de la luz, de Inma Aguilera, que continúa la historia iniciada en La dama de la Cartuja, me ha parecido más que una simple continuación: es casi una mirada luminosa sobre el destino, el arte y la voluntad de quienes se empeñan en dejar huella. La autora convierte la cerámica, la luz y la ciudad en símbolos de algo más profundo: la necesidad humana de crear belleza incluso en tiempos inciertos.
Hay pasajes donde la narración parece detenerse para contemplar el arte como si fuera una revelación. Un momento que me resulta especialmente evocador es cuando la pintura y la luz se funden con la mirada de la protagonista, como si el acto de crear fuese también una forma de entenderse a sí misma.
Para mí, esta segunda parte amplía el universo de la historia y muestra cómo la ambición artística y la sensibilidad pueden abrir caminos donde antes solo había silencio.
Recomendaría La pintora de la luz, porque es de esas historias que parecen pintadas más que escritas. En sus páginas la luz no solo ilumina los talleres y las calles, también revela las heridas, los sueños y la obstinación de quienes creen en el arte como una forma de permanencia.
La recomendaría a quien quiera sentir cómo una ciudad, un oficio y una vida pueden entrelazarse hasta convertirse en algo casi sagrado. Porque la novela recuerda que toda obra nace de una mezcla de paciencia, fuego y esperanza… igual que la cerámica que resiste al tiempo.
Y porque al cerrar el libro queda una sensación extraña y hermosa: la de haber tocado, por un instante, la luz con las manos.
Está reseña participa en el reto 26 quilos de conocimiento


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