"Marie Curie, la primer eminencia galardonada con dos premios Nobel por sus trabajos sobre la radiactividad, como tantas otras mujeres enfrentó al machismo y los prejucios de su época"
Mujer y ciencia: cuando la curiosidad se convierte en revolución
Cada 11 de febrero, el mundo celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, proclamado por la Organización de las Naciones Unidas para visibilizar una verdad histórica: las mujeres siempre han estado en la ciencia, aunque no siempre hayan estado en los libros.
Hablar de mujer y ciencia es hablar de talento, pero también de resistencia. Es recordar a Marie Curie, que abrió camino en la física y la química cuando los laboratorios eran territorios vedados. Es reconocer a Rosalind Franklin, cuya imagen del ADN fue clave para comprender la estructura de la vida. Es celebrar a Margarita Salas, que impulsó la biología molecular en España y demostró que investigar también es sembrar futuro.
Pero este día no es solo memoria: es compromiso. Según datos de la UNESCO, las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en disciplinas STEM, especialmente en tecnología e ingeniería. La brecha no nace del talento, sino de estereotipos que comienzan en la infancia: juguetes diferenciados, expectativas sutiles, modelos ausentes.
Celebrar esta fecha es preguntarnos qué mensajes reciben nuestras niñas cuando dicen que quieren ser astrónomas, ingenieras o programadoras. Es preguntarnos cuántas vocaciones se pierden por falta de referentes o por miedo a no encajar.
La ciencia necesita diversidad porque la diversidad amplía las preguntas. Cuando más mujeres investigan, más problemas invisibles se vuelven visibles: desde estudios médicos con enfoque de género hasta soluciones tecnológicas pensadas para realidades distintas. La ciencia no es neutra; está atravesada por quien la hace.
Promover la presencia femenina en la investigación no es un gesto simbólico, es una inversión social. Implica políticas educativas inclusivas, mentorías, conciliación real y visibilidad mediática. Implica que los laboratorios, las universidades y las empresas tecnológicas no sean espacios de excepción para ellas, sino espacios naturales.
Rosalind Franklin
El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia nos recuerda algo esencial: no se trata de que las mujeres “lleguen” a la ciencia. Se trata de que nunca más tengan que pedir permiso para quedarse.
Mujer y ciencia
En el silencio blanco del laboratorio
una niña enciende constelaciones
con la punta de un lápiz.
No sabe aún
que su nombre podría borrarse
en los márgenes de la historia,
pero insiste.
Pregunta.
Desarma el átomo del miedo.
Mide la luz con los ojos abiertos.
Hubo otras antes:
manos que sostuvieron probetas
mientras el mundo dudaba,
mentes que descifraron hélices
cuando nadie quería escucharlas.
La ciencia no tiene género,
pero sí memoria,
y en ella laten voces
que no cabían en bata prestada.
Cada fórmula escrita
es una puerta que se abre.
Cada experimento,
una frontera que cae.
Que ninguna niña vuelva
a pedir permiso para pensar.
Que el universo aprenda
a pronunciar sus nombres
sin susurrarlos.
Porque cuando una mujer descubre,
no solo cambia un dato:
se reordena el horizonte.
Imagen obtenida del artículo de Axomalli Villanueva
Este post participa en la convocatoria de Café Hypatia
#PVmujerciencia26



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