Quizás para que el viento susurre rompe el anhelo el tiempo mientras azota la rama perenne.
Eso no pasa por el sendero, de las tranquilas aguas que desean ver libre de repente mi presente.
¡La calle es como un libro invisible, si se sabes donde mirar!
Descubrí la cuna de la vida y entonces estuve perdida.
Contemplé la cima de las montañas y el ramaje de los olmos,
alcancé la morada de los dioses, y la tarima del trono.
¡Dulce su sombra llena de placeres!
Para esperar en paz la muerte.

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