Adán insistía en que Lilith había sido creada con polvo y por lo tanto era su igual, pero cuando él quería sexo, ella lo rechazaba porque no quería acostarse debajo de él, ella no era mujer sumisa; quería llevar el control de su lujuria. Adán insistía deseoso de poseer su cuerpo.
En ese momento, Lilith recibió la visita de una lechuza, (en realidad era el mismísimo demonio) Esta le mencionó un lugar donde podría yacer con todo tipo de hombres y dar rienda suelta a su lascivia.
Pero Adán volvió a insistir en su deseo carnal con Lilith y ella furiosa pronunció el nombre de Dios en voz alta y se marchó a otra tierra a orillas del mar rojo, (hogar de demonios) con la lechuza como acompañante donde sucumbió a la encarnación del mal; un súcubo amante de Satanás engendrando hijos con el semen que los hombres derraman durmiendo durante sus sueños eróticos. Allí, Lilith dio rienda suelta a su lujuria.
Dios enfurecido envió tres ángeles a buscarla, pero ella se negó a volver, por lo que Dios le recriminó:
¡Tú mujer impura de espíritu incontrolable! verás como los gatos salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará a tu puerta y serás castigada, llorarás la pérdida de tus hijos.
Después Dios la castigó: ¡morirán algunos de tus hijos cada día!
El cielo tronó con fuerza y el castigo se ejecutó.

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