En el pueblo de Sant Lorenz, un profesor de yoga enseñaba a sus alumnos la tarea de la relajación, el estiramiento y el control de la respiración. Una tarde de invierno, las nubes cubrieron el cielo con rápidez y comenzó a llover con demasiada fuerza a causa del viento huracanado. En el gimnasio la lluvia al caer sobre el techo provocaba un ruido ensordecedor. Las luces titubearon varias veces hasta que al final se apagaron por completo.
Los alumnos gritaron y el profesor pidió calma. Les preguntó si veían algo, a lo que contestaron que no.
—Pues que cada uno se siente en el lugar donde esté y alargue la mano para intentar alcanzar al que tenga más cerca, a ver si podemos hacer un círculo agarrados de las manos.
Así lo hicieron y pasaron alrededor de media hora, cuando todas las luces se encendieron de pronto, con tanta fuerza, que les impedia mirar al frente. El profesor preguntó de nuevo si alguien podía ver. Todos respondieron al unísono que la luz era tan intensa que les cegaba los ojos.
—Hoy aprendemos que ni en la oscuridad, ni en la luz excesiva podemos ver. Por eso la vida está hecha de luces y sombras. Por eso hay que ver la luz dentro de las sombras de nuestros hermanos y poner luz en sus corazones. Aquel que no sea capaz de ver la luz dentro de la oscuridad, terminará perdiéndose en la opacidad más negra que la noche y se perderá a sí mismo. Por último os diré que todas nuestras almas tienen sombras, así que intentad siempre que brille la claridad y encontraréis paz en vuestros corazones.
Los alumnos quedaron un poco desconcertados. Estaban acostumbrados a las charlas teológicas del profesor pero esta reflexión les había calado hondo.
—Profesor—preguntó Leli—¿usted nunca a visto oscuridad en nadie?
—Si—contestó mirándola durante unos segundos que la hicieron sentir mal—la veo en ti y espero ver la luz.
La joven se quedó helada. No supo qué responder, pero un alumno aventajado le replicó.
—Profesor —empezó —yo veo oscuridad en usted, pero la he visto siempre. Una oscura maldad que acaba de delatar sus intenciones y puestos a hablar de luces. ¿Qué hacía el otro día, oculto en la oscuridad mientras hacía fotos a las chicas en las duchas?
Se armó un gran revuelo. Por un lado Leli molesta por el ridículo que acababa de pasar y por otro lado la furia de pensar que las hubiese visto desnudas.
Se miraron las chicas unas a otras, tras observar los palos de estiramiento. No hizo falta más. Cogieron palos y se lanzaron contra el profesor, los chicos se unieron a la venganza de las chicas.
—Cerdo, puerco,—gritaban algunas jóvenes.
Se marcharon del gimnasio dejando al profesor malherido de la paliza que le propinaron. Este, estuvo 2 meses de baja, durante los cuales pidió el traslado por estrés. Nadie más que los jóvenes supieron la verdad de lo sucedido. Pero se aseguraron que el traslado fuese a un colegio solo de chicos.
Inspirado en el rincón del pensamiento

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