Me perdí en el fuego de tus palabras. El desdén y desprecio que mostrabas provocaba en mi un gran dolor. Tu distanciamiento puede ser discutible, pues mi culpa fue; trabajar y trabajar para darte todo cuanto querías. Pero tú, mujer fatal, me dejaste en la tristeza y la soledad.
Fuego el que llevo en el cuerpo desde que te fuiste. Y aún no sé el porqué de tu abandono. Mi tristeza es porque quizás no me recuerdas y me quiebra el alma. Desearía liberar la catarsis de mi mente y seguir adelante, o morir en paz. Sin ti, no soy nada ni nadie. Solo polvo.

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