Esperaba en la estación el tren de las diez. Pasó un tren que no paraba en la estación, pasó y pasó y pasó. Y así me dieron las doce. Acabé tan mareado que no se ni la hora que era cuando por fin subí al tren.
Extremadamente largo: excesivamente rápido: así era el nuevo Ave... Tan rápido que no veías ni la gente de las ventanillas; no, mejor me voy en el bus.
Que si sale, que si entra; lo veía tan superficial, que oír la gente a mi lado hablar sobre el Rápido, me sacaba de quicio. ¡Hipócritas! Estamos en el siglo XXI, ¿Qué queréis ver, un burro volando? Por favor, dejemos de ser niños y seamos adultos - vociferé- nadie contestó.

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