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lunes, 5 de diciembre de 2016

Transformación


La fresca brisa de la mañana, acariciaba mi rostro. Quería moverme, tenía que moverme, pero algo me aferraba con fuerza a mi cama. Resignada suspiré. Miraba atenta a través del cristal de mi ventana, pensando como el sol parecía acercarse cada vez más. Suspiré de nuevo; de pronto un resplandor pareció inundar la habitación y a continuación la oscuridad se adueñó de mi percepción y la fiebre consiguió atraparme de nuevo en sus brazos, consiguiendo que me olvidara de toda la tristeza que me rodeaba.