En un momento de silencio
Miré consternada las horas
Que impacientes avanzaban
En el reloj.
Porqué nadie pensaba en el tiempo
Y su fuerza implacable he irremediable?
Dudaba si alguien se haría esa pregunta. Tal vez yo no era normal
Pues tenia la sensación de haberme anclado en el tiempo.
Parecía una broma de mal gusto.
Pero su fuerza atrayente se mostraba extraña
y a la vez silenciosa.
Serían los surcos que las profundas arrugas marcaban en mi rostro?
O sólo añoranza a la vitalidad perdida? Que se yo...
Quizás alguien responda durante las noches en las que mi imaginación sobrepasa la dura realidad.
«La reflexión es aquello que abre un camino al pensamiento, el pensamiento es el camino que conduce a la reflexión; aquel camino libre que resplandece entre luces y sombras: la vida». Derechos de autor protegidos por ©Cedro. Sus comentarios serán aceptados tras pasar la supervisión del autor. Gracias. Nuria de Espinosa
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miércoles, 28 de diciembre de 2016
lunes, 5 de diciembre de 2016
Transformación
La
fresca brisa de la mañana, acariciaba mi rostro. Quería moverme, tenía que
moverme, pero algo me aferraba con fuerza a mi cama. Resignada suspiré. Miraba
atenta a través del cristal de mi ventana, pensando como el sol parecía
acercarse cada vez más. Suspiré de nuevo; de pronto un resplandor pareció
inundar la habitación y a continuación la oscuridad se adueñó de mi percepción
y la fiebre consiguió atraparme de nuevo en sus brazos, consiguiendo que me
olvidara de toda la tristeza que me rodeaba.
miércoles, 30 de noviembre de 2016
El suspiro
Suspiró en silencio sobre la almohada mojada por tantos momentos llenos de llanto. Él día le anunciaba que debió dejarlo muchos años antes. Tenía la convicción de que, no se movería y todo seguirá igual. Como aquella persona que pregunta conociendo la respuesta pero no quiere escucharla sabiendo que siempre fue una certeza palpable.
— ¿Me amaste alguna vez, Daniel?
—No molestes o te… —respondió él, con voz adormilado.
Y entonces supo que el infierno cabía en un simple suspiro.
lunes, 28 de noviembre de 2016
Susurros en el mar
Durante
la noche una fuerte tormenta había dejado gran parte de los tablones que
formaban una escalera hasta la playa esparcidos por la fría orilla. Respiró
profundo y comenzó a descender por los escalones de madera. Cuando llegó junto
a la orilla se sentó en una roca suavizada por los golpes de las olas. Sentía
el sabor de la sal en su boca con la insistente brisa que el atardecer emanaba.
Miró atrás con tristeza, sabía que no podía volver y abrigaba un enorme vacío en
su corazón.
Se
acercó al borde del agua, sintiendo la tibiez de las piedras bajo sus pies. Se
detuvo un momento, observando la inmensa masa azul que se acercaba hacia ella.
Exhaló una profunda inspiración. En ese momento lo que le había parecido una lejanía
en la distancia se aproximaba amenazadoramente.
Volvió
a respirar con intensidad, pretendiendo que la brisa marina la transportara
hacía otra dimensión de silenciosa paz. La gran masa azul, como una bocanada
furiosa la abrazó con fuerza sumergiéndola en la profundidad del mar; condenándole a un peregrinaje entre la espuma de las olas y la soledad de los
océanos. Más
allá, de algún punto que no es parte de la tierra, ni del cielo, ni del aire, en
las noches de luna llena se escucha un leve susurro que parece provenir de las
profundidades del mar… algunas lenguas
dicen, que es una sirena que llora su cautividad.
©Nuria de Espinosa
(Mejor relato en prosa del mes de
agosto 2012 del club de escritores Palabra sobre Palabra)
lunes, 6 de junio de 2016
El mundo en declive
Truenos y relámpagos enfurecidos
braman entre un coro de ángeles doloridos
por el horror de un mundo sin destino
que navega hacía un infierno ya difunto.
El cielo no rompe las cadenas
que segundo a segundo forjan
eslabones de temibles tinieblas.
Enfrentar la tierra contra el tiempo
no tiene sentido, si el péndulo
que oscila y no cesa ni se detiene:
muere en manos de los hombres.
¡Pobre del ciego que no ve
y de aquel mira pero no quiere ver!
braman entre un coro de ángeles doloridos
por el horror de un mundo sin destino
que navega hacía un infierno ya difunto.
El cielo no rompe las cadenas
que segundo a segundo forjan
eslabones de temibles tinieblas.
Enfrentar la tierra contra el tiempo
no tiene sentido, si el péndulo
que oscila y no cesa ni se detiene:
muere en manos de los hombres.
¡Pobre del ciego que no ve
y de aquel mira pero no quiere ver!
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