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martes, 13 de septiembre de 2011

SARA


Sara caminaba por la cera de la calle en dirección al trabajo, cuando alguien tropezó con ella.
Discúlpeme iba distraído. –le dijo-
Sara lo miro con algo de desconfianza y siguió caminando. Instintivamente giro el rostro para volver a mirarlo, y se quedo algo cortada, él también la miraba. No sabía porque, pero sus miradas se cruzaron con un extraño brillo en los ojos. Sonrió y siguió camino de su trabajo.
Sara trabajaba cerca, a solo tres calles de su casa. Le gustaba dar ese paseo matinal hasta la oficina. Ver lo deprisa que iba la gente. A veces, se quedaba mirando el ritmo tan acelerado que algunas personas llevan en esa hora tan temprana.
A la hora de comer recordó el incidente de la mañana y sintió un escalofrió, al recordar la forma en que se miraron. Cuando termino su jornada laboral, recogió sus cosas y salió de la oficina. Tenía que pasar a comprar el pan al supermercado y algo de fruta. Entro y cogió una barra de pan.
Se dispuso a coger fruta, cuando le vio.
¡Era el mismo hombre que había tropezado con ella por la mañana! Estaba comprando unas manzanas. La miro y le sonrió. Sara se puso colorada. El se acerco a ella y le dijo:
-Necesitas ayuda.
-No gracias, solo estaba distraída, disculpe.
-Es usted muy guapa lo sabe verdad.
-¿Perdón? ¿Cómo dice usted?
- A veces una sola mirada es suficiente, le invito a cenar. Si acepta claro.
-Bueno yo no sé qué decirle. ¿Es tan rápido siempre?
-No, pero algo en mi interior brilló, al verla esta mañana y no suele pasarme. Dígame que si, no hay malicia en mi invitación.
Usted gana. Acepto la invitación. Me llamo Sara.
-Encantado Sara, yo me llamo José. ¿Nos vamos?
-Será un placer.
Mientras caminaban hacia el restaurante Sara iba pensando. ¿Me habré vuelto loca?

Continuara….