Recuerdo que aquella noche desperté de un inquieto sueño. Algo me arrastraba hacia la oscuridad. Me levanté sedienta. El dolor de mi pierna mostró las heridas que tenía. ¡No había sido un sueño! Desde entonces nunca más he vuelto a dormir sola, temiendo soñar.
Y aun, y así volví a quedarme dormida, sin pretenderlo, pero sin poder evitarlo a causa del agotamiento. Entonces apareció ella, diabólica, demoníaca, con el sacrílego encantador del abismo, que te otorga el poder del más allá, pero antes tras lograr hipnotizarme vi las llamas del fuego del infierno en las que ardía sin remedio. Después de despertar las llagas de mi cuerpo dolían más que el aterrador sueño.

Creo que a partir de ahora me acostaré borracho para no recordar nada.
ResponderEliminarJajajaja, Cabronidas, buena elección. Gracias por dejar tu huella. Un abrazo
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