Descubrí en la noche cobriza que
la vida es como un galimatías esquivo,
como un pergamino lleno de garabatos,
y a la vez un desconcertante sinsentido,
que entrelaza la pluma con el desconcierto.
Retrasé mis pasos para descansar en un sendero
donde clavaste tus ojos negros pero ausentes.
Que presagio tan extraño el papel del sosiego,
que absorbe el arcoíris y despliega el petricor.
Que triste es el amor perdido por la trivialidad.
Soy como un barco a la deriva que navega en sueños,
y recuerdo que el brillo inesperado la vida lo disolvió.
Hay un haz de luz en la oscuridad al llamarte,
¡Qué oscura la larga espera del poeta!

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