Todo soy, nada queda
excepto el equilibrio
entre el vacío y el todo.
Percibo el amanecer del tiempo,
oscilante, incansable, perpetuo,
y en un segundo, solo silencio
y un precipicio en el tiempo.
Diviso luz entre las sombras
que perecen sobre el viento,
y descubro efímeros anhelos
que abren sus alas al viento.
No es blanco ni negro
ni si quiera gris, ni opaco,
es solo el celeste del cielo
que inunda sin remedio los sueños.
© Nuria de Espinosa

El equilibrio, Nuria, ese dificil equilibrio que tanto trabajo cuesta conseguir para que la vida sea más llevadera. Lindos versos.- Un abrazo
ResponderEliminarGracias J.R. Infante por tus palabras, un abrazo
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