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domingo, 27 de octubre de 2013

La Tumba Número 1920






Es un trayecto que se me hace eterno. El paisaje es desolador. A cada lado del camino lapidas y nombres desconocidos, otros no tanto. Cuando caminas por el sendero de la muerte, intentas evitar pensar que algún día, allí descansaras. Hay flores y fotos por todas partes, algunas rompen el alma, de personas jóvenes y niños, que se fueron demasiado pronto.
Sigo caminando y por fin llego a mi destino… lápida número, mil novecientos veinte; no lo puedo evitar, un escalofrió recorre todo mi cuerpo...
“Eras una gran persona, pienso” Mientras limpio, la puerta de cristal, que cierra su tumba. Y entonces hablo sola y le digo:
Hola papá, que frio y húmedo debes estar. Esta vez, tarde en venir a verte, no me lo tengas en cuenta, es el trabajo que me ocupa casi todo mi tiempo.
Sí, lo sé, siempre estuviste orgulloso de mí, pero te fuiste ¡tan pronto! la vida es tan injusta a veces. Bueno papa, ya te deje todo limpito y como siempre, cumplo tu deseo. Te dejo rosas rojas, para que alegren tu descanso, ¡te hecho tanto de menos!, te quiero papá… Volveré pronto te lo prometo… y girando sobre mis propios pasos me di media vuelta y me aleje de la tumba de mi padre.