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miércoles, 20 de febrero de 2013

El interrogatorio




No podía posponer por más tiempo el interrogatorio. Llevaba toda la noche sin dormir y estaba agotada. Suspiró y entró de nuevo en la sala.

-Espero que haya recapacitado y esté dispuesto a confesar, si coopera se ahorrará tres o cuatro años de cárcel.
El detenido guardó silencio.

-¡Maldita sea! Le caerán de diez a quince años por asesinato-  amenazó Emma, teniente de homicidios.

-¡Cojonudo!- Dijo su abogado, que acaba de entrar en la sala- intimidación y retención ilegal, ya que no tiene ni una sola prueba contra mi defendido; va a tener que dar muchas explicaciones teniente.

-Su defendido fue detenido en la escena del crimen, abogado de pacotilla- Dijo Emma fulminándole con la mirada.
-¿Y eso le convierte en culpable, detective? ¿Tiene pruebas, o el arma homicida? Estoy seguro de que no, o en tal caso ya estaría en el calabozo. ¿Me, equivoco? Si no deja inmediatamente en libertad a mi cliente, se pasará el resto del año rellenando papeles.

Se produjo un inquieto silencio. El aire de la sala estaba cada vez más viciado, y el olor a  sudor del detenido comenzaba a ser nauseabundo. Emma se dio cuenta que al detenido le temblaban las manos y avanzó medio paso hacia él en actitud furiosa.

-¡No saldrás, fácilmente capullo!

-Está usted amenazando a mi cliente, detective, la demandaré.
El detenido miraba a Emma con expresión angustiosa, parecía acobardado. Por un segundo le pareció que iba a hablar, pero agachó la cabeza y guardo silencio.

-Espere un momento abogado, quizás consiga sorprenderle, empiezo a cansarme de usted y su cliente.- Dijo Emma, mientras salía de la sala dando un portazo.
La detective volvió tras unos minutos.

-Bien abogado Fints, su cliente queda detenido por asesinato con agravante de alevosía.

-¿De qué, está hablando teniente? ¿Es otra de sus tretas?- Replicó furioso el abogado- No tiene pruebas de nada, le reitero que deje a mi cliente en libertad de inmediato.

-Tenemos un testigo que vio como asesinaba al vigilante del muelle 32 e incluso el lugar donde tiró el arma.
El abogado se quedó petrificado. Miró a su cliente con rabia. Durante unos minutos guardó silencio pensando como se lo tomaría su padre, el alcalde de la ciudad.

-Por lo visto su cliente era asiduo en los muelles, donde adquiría la cocaína, aunque esta vez quería obtenerla sin pagar- Continuó Emma.

-No hagas ninguna declaración, si no es, en mi presencia- advirtió el abogado a su cliente-. Detective nos veremos en los tribunales, buenas noches.
Emma ni se molestó en contestar.

El detenido pidió un poco de agua. Se la trajeron y mientras bebía, la detective y el policía de la sala comentaban los horas tan duras que habían transcurrido, hasta encontrar un testigo. De pronto el detenido comenzó a echar espuma por la boca.
Nada pudieron hacer por él, se había tomado una píldora tóxica que ocultaba tras el ojal de uno de los botones de su camisa.

Lo irónico fueron las noticias que aparecieron al día siguiente en los diarios.

“El joven hijo del alcalde de la ciudad, fallece tras un infarto, a causa de una enfermedad cardiaca”

-Políticos de mierda- refunfuñó Emma tirando furiosa el periódico a la papelera.