Convocatoria juevera: UNA IMAGEN Y DOS PALABRAS
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Y si fui pecaminosa se preguntó mientras la rabia inundaba su corazón…
…y lo primero que hizo fue mirar la lista de la compra, porque sospechaba que el verdadero pecado no era suyo, sino haber olvidado comprar papel higiénico.
La cocina estaba en penumbra. La cafetera, traicionera, hacía ruidos extraños. “Esto no es normal”, pensó. Nada en aquella casa era normal desde que decidió empezar la dieta un lunes… y la abandonó un martes con fervor casi religioso.
—Es cosa del destino —murmuró—, vamos a revisar los pecados.
Contó con los dedos.
Uno: comerse el último trozo de tarta “solo para que no se estropeara”. Dos: decir “cinco minutos más” y convertirlos en una siesta de tres horas. Tres: abrir la nevera cada diez minutos esperando que apareciera comida nueva por arte de magia.
Se quedó pensativa. Tuvo dudas. Pero se dijo a si misma con alivio:
—Esto no son pecados. Esto es supervivencia.
En ese momento, la puerta del salón se abrió con un chirrido dramático.
Se giró despacio, esperando encontrar a alguien… o algo.
Pero solo estaba el gato.
—Ah, eres tú —dijo—. Pues que sepas que no he sido yo quien ha tirado ese vaso.
El gato la miró con absoluto reproche.
—Vale, vale —añadió—. Pero tampoco he sido yo quien ha dejado la luz del baño encendida.
Silencio.
El gato ni se movió. Pero en su mirada había un claro veredicto: culpable.
Ella suspiró.
—Está bien… quizá sí he pecado.
Se levantó con dignidad, abrió la nevera… y sacó el último yogur.
—Pero este no lo comparto. Eso ya sería un pecado mayor.
P. D. Ruego paciente para pasar por el blog de los participantes. Gracias


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