Hoy que la paciencia se me agota,
y el dolor en mí siempre brota,
en este día de la poesía,
se me encoge el alma, vacía.
Miro las horas, lentas, pesadas,
como cadenas mal anudadas,
eternas, amargas, sin compasión,
golpeando en seco mi corazón.
El espejo escupe mi decrepitud,
y en las ojeras vive mi inquietud,
rostro cansado, mirada perdida,
momentos que cuentan lo que no se olvida.
Hoy, en el día de la poesía,
soy solo niebla, voz que se enfría,
alma errante, sin dirección,
presa del tiempo y su condición.
¿Y ahora qué?, pregunto al vacío…
y el silencio responde con frío,
pues la respuesta, rota y callada,
se ahoga en mi garganta cerrada.

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