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domingo, 11 de octubre de 2020

Luché contra la muerte



 

Llevaba días encontrándome mal. Tosia mucho; la garganta me ardía y la cabeza parecía que me iba a explotar. A medida que las horas de aquel fatídico sábado avanzaron, cada vez empeoré más. Me axfisiaba, apenas podía respirar. La fiebre me tenía agotada y sudaba de una forma inquietante. Debía pedir ayuda, pero el teléfono lo veía lejisimos a pesar de estar a unos metros de mi. Tenía que intentar llegar hasta el, o podía morir por axfisia. Me levanté como pude y me arrastré hasta el teléfono. Cada paso que daba era un martirio y parecía que iba a perder el conocimiento de un momento a otro. Las piernas me pesaban como el plomo y me costaba mucho caminar. Logré llegar al teléfono, coger el auricular y marcar el 091 justo en el instante que perdí la conciencia. Por suerte hoy en día, si llamas y no hablas pero el auricular sigue descolgado, localizan la llamada y mandan una patruya a investigar. Me salvaron la vida actuando con rápidez. Un policía, aunque suponían lo que sucedía, saltó desde el balcón de mi vecina y al encontrarme llamó rápidamente a una ambulancia, incluso tuvo la cortesía de visitarme en el hospital.

La recuperación fue dura y me dejaron algunas secuelas en mi memoria; pero lo importante es que logré sobrevivir y ganar la batalla al maldito virus. 


Nuria de Espinosa


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