El nuevo café por Nuria de Espinosa

En mi calle, la del Torpón, abrían de nuevo la cafetería después de unas mejoras. Fui a tomar un café y me llevé una gran decepción; no quedaba nada de su propia esencia que era lo que le daba una belleza retro, eterna. Ahora parecía sin alma. Llegó José, que fue a comprar el periódico y charlamos. El decía que parecía vacía, hueca. Pero la realidad es que la mejora destrozó el aroma del café de antaño. Nos marchamos a tomar un café al Maurice.

El Maurice, tenía algo especial, encantador; te transportaba sin quererlo a épocas de antaño, como la de los años 50. Su hermosa y delicada decoración sin que le faltase un solo detalle se fusionaba con el perfecto aroma del café. No solíamos ir, por ser bastante cara, pero esa mañana merecia darnos ese pequeño lujo que nuestra economía poco permitía.

Desayunamos como hechiizados por el maravilloso ambiente que provocó en nosotros una paz interior y duradera. Después fuimos a comprarnos un libro; “Viento del este, viento del oeste” y José se compró “La paloma Parda". Tras hacer unas compras en el mercado, marchamos a la calidez de nuestro hogar a disfrutar de la buena lectura.