La tormenta sigue su curso violento
y desespera a los más inquietos.
Despierto al alba, en la penumbra más solitaria y no escucho tu voz.
Grito tu nombre y solo escucho el eco retumbar en mi habitación. Acaso fuiste tan lejos, que no te oigo ni en sueños?
Yo sigo esperando tu reclamo perverso, pero sé, que no hay paz en los cielos, ni brisa, ni amor, ni sueños.
©Nuria de Espinosa

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