CASA DEL LIBRO TU LIBRERÍA ONLINE

martes, 22 de septiembre de 2015

El cuaderno de Claudia


El cuadro parecía completo; la parodia de una vida en declive. Claudia estaba convencida que todo era culpa suya por caer continuamente en los mismos errores. —¿Porque soy tan torpe?— se preguntaba a diario. En ocasiones paseaba por los alrededores del lugar donde residía, pero nunca encontraba alivio en su agitado corazón. Además ella misma se machacaba con su auto-culpabilidad.

Había encontrado años atrás  refugio en una persona de la cual torpemente se enamoró, pero fue imposible unirse a él porque Claudia era incapaz de dar el paso y dejar a su familia atrás. Ahora sufría en silencio su torpeza. Él, siempre estaba ahí para apoyarla, pero ella siempre ponía una barrera infranqueable para los dos; su familia.

Su intelecto la obligaba a crear fabulas morales y utopías irrealizables que la contrariaban. Su salud se había resentido desde entonces y estaba convencida que era un castigo divino que no tenía más remedio que asumir. Su critica, a si misma, la transportaba hacía un mundo tenebroso de oscuras tinieblas. Un segundo y todo se desmorona; estupor, temblores, sudores y un corazón partido en dos; en su pensamiento, una fría losa y el descanso y la paz que tanto anhelaba. A veces se arrepentía de tener esos pensamientos, pero al final todo quedaba reducido a una sola palabra: culpable.

Sus pensamientos se contorsionaban y se enmarañaban en su pérfido mundo. Conteniendo su dolor, se convenció de que estaba más sola que nunca y que pese a todo seguía siendo una fruta podrida. No le quedaban argumentos. Miró el móvil y comprendió lo que tenía que hacer; ya, no había cabida para el perdón...

Continuará