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viernes, 9 de diciembre de 2011

LA MARIHUANA


¡Acelera! Gritó Javier mientras entraba velozmente en el coche. Pisé el acelerador y salimos a toda pastilla de la gasolinera. Eran las diez de la noche, y necesitábamos marihuana.
Mientras conducía hacía casa de camarón nuestro camello, con la música alta, Javier me hablaba eufórico. ¿Has visto la cara de pánico del dependiente?
Ja, ja, ja. El muy imbécil se ha debido cagar en los pantalones, vociferaba sin parar de reírse a carcajadas.
Ni si quiera percibimos qué se nos acercaban varios coches. Justo cuándo casi habíamos llegado a casa de camarón, dos coches de la policía secreta se nos cruzaron impidiendo cualquier posible fuga.
Una sola obsesión invadió mi mente… ¡hijos de puta! Está será una noche de sudores interminables… maldita sea la marihuana